La pregunta sobre si un criminal nace o se hace sigue generando debate. Sin embargo, la ciencia, a través de la epigenética y la neuropsicología, ofrece una perspectiva matizada.
Según la Dra. Diana Brito Navarrete de la UNAM, mientras los rasgos físicos son genéticos, el desarrollo psicológico y emocional depende crucialmente del entorno: dónde vivimos, qué comemos, el idioma, el entorno social, la escolarización e incluso el uso de tecnología.
La epigenética estudia cómo el ambiente ejerce presión y puede provocar cambios estructurales que influyen en la expresión génica. Las funciones ejecutivas (planificación, memoria de trabajo, control de impulsos), esenciales para la conducta adaptativa y que maduran hasta bien entrada la adultez (20s o 30s), se aprenden principalmente por observación.
Esto subraya la importancia crítica de la crianza. Estilos de crianza como el autoritario (alta exigencia, bajo afecto) pueden generar sumisión, baja creatividad o agresividad, mientras que el permisivo (sin límites ni autoridad) puede derivar en baja tolerancia a la frustración y conductas impulsivas.
Esta visión científica desafía nociones simplistas de determinismo biológico, enfatizando que factores ambientales y sociales, particularmente en etapas tempranas, juegan un rol fundamental y potencialmente modificable en la trayectoria conductual de un individuo.
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