La empresa Mexico Pacific, con sede en Houston, advirtió que su proyecto de gas natural de $15 mil millones en Sonora está en peligro debido a las tensiones comerciales entre Estados Unidos y México, que han ahuyentado a los inversionistas.
Un megaproyecto energético de $15 mil millones, considerado una pieza clave en el corredor energético entre Texas y México, se encuentra en un limbo peligroso, víctima directa de la creciente incertidumbre política y las tensiones comerciales entre ambos países. Mexico Pacific, la empresa desarrolladora con sede en Houston, ha solicitado formalmente al Departamento de Energía de EE.UU. una extensión de siete años para su proyecto de Gas Natural Licuado (GNL) Saguaro Energía en Sonora, México, advirtiendo que sin ella, el proyecto es inviable.
Un Proyecto Estratégico en Pausa
Saguaro Energía no es un proyecto cualquiera. Está diseñado para ser la mayor inversión extranjera en México y tiene una importancia estratégica para el sector energético de Texas. El plan consiste en construir una planta en la costa del Pacífico de México para licuar gas natural, en su mayoría proveniente de la prolífica Cuenca del Pérmico en Texas, y exportarlo a los mercados asiáticos. Esta ruta ofrece una alternativa más rápida y potencialmente más económica que los congestionados puertos del Golfo de México.
Sin embargo, el proyecto, cuyo plazo original para comenzar las exportaciones es diciembre de 2025, aún no ha alcanzado la Decisión Final de Inversión (FID, por sus siglas en inglés) y enfrenta enormes dificultades para asegurar el financiamiento necesario.
La «Duda del Capital» por la Incertidumbre Política
En su solicitud al gobierno estadounidense, Mexico Pacific es contundente al señalar a los culpables de la parálisis: la política. La compañía culpa a los «cambios en las administraciones presidenciales en EE.UU. y México» y al «aumento de las tensiones comerciales» por crear una profunda incertidumbre sobre el futuro de las relaciones bilaterales.
Este clima de inestabilidad, según la empresa, ha provocado una «duda por parte de los participantes del sector para hacer compromisos de capital sustanciales y a largo plazo». En pocas palabras, los inversionistas y prestamistas no están dispuestos a arriesgar miles de millones de dólares en un proyecto cuya viabilidad depende de una relación diplomática y comercial que perciben como frágil.
Este caso ilustra una contradicción fundamental en la política estadounidense. Por un lado, el país busca promover su dominio energético y aumentar las exportaciones de su excedente de gas natural. Por otro, sus propias posturas políticas y retórica comercial están creando la inestabilidad que socava las alianzas y las inversiones internacionales necesarias para lograr ese objetivo. México, en este escenario, pasa de ser un socio estratégico vital a una fuente de riesgo.
Un Efecto Dominó para Houston y Texas
Las consecuencias de este estancamiento repercuten directamente en la economía de Houston y Texas. La industria del gas natural del estado, que ha experimentado un auge en la producción, depende de proyectos como Saguaro Energía para encontrar salida a su producto en los mercados globales.
El retraso o la posible cancelación del proyecto no solo pone en riesgo miles de empleos potenciales en ambos lados de la frontera, sino que también podría afectar los precios del gas natural en Texas al limitar las vías de exportación. La situación se agrava por la volatilidad general de los mercados energéticos, influenciada por conflictos globales como el de Irán, y por las advertencias del presidente Trump a las compañías petroleras para que no suban los precios.
Mexico Pacific ha sido claro: sin la extensión del plazo hasta diciembre de 2032, es «poco probable que el proyecto Saguaro Energía alcance la FID». La suerte de este coloso energético ahora pende de un hilo, no por falta de viabilidad técnica o de mercado, sino por la sombra de la incertidumbre política. Para el sector energético de Houston, este caso es un recordatorio contundente de que la estabilidad de la relación entre Estados Unidos y México no es un asunto abstracto de política exterior, sino un factor crítico para su prosperidad económica.
