La mañana del 17 de noviembre comenzó como cualquier otra para los vecinos de la colonia Parque Hundido, en Gómez Palacio. Sin embargo, ese lunes se convertiría en uno de esos días que quedan marcados en la memoria colectiva como un recordatorio incómodo de la violencia en Durango, un tema que ha regresado con fuerza al debate público. Los relojes marcaban las 9:30 cuando José Ángel Mascorro Muñoz, exsecretario del ayuntamiento de Gómez Palacio, salió de su casa para abordar su vehículo. No sabía que ese movimiento cotidiano sería el último.
Nadie en la calle Palomas imaginó lo que estaba por ocurrir. El silencio del barrio fue interrumpido por varios estruendos secos: disparos. Un hombre armado se aproximó al automóvil del exfuncionario y abrió fuego sin mediar palabra. Mascorro no tuvo oportunidad de reaccionar. El agresor huyó rápidamente hacia el bulevar Rebollo Acosta, dejando tras de sí una escena que consternaría a toda la región.
Los vecinos, aterrados, llamaron al 911. Cuando paramédicos de la Cruz Roja llegaron al lugar, ya no había nada por hacer. Mascorro Muñoz había perdido la vida casi al instante, víctima de múltiples impactos de bala. Sobre el asfalto quedaron dispersos 10 casquillos calibre .380, evidencia clave que quedó bajo resguardo de los agentes investigadores.
Violencia en Durango y el asesinato del exsecretario: lo que se sabe hasta ahora
Las autoridades describieron el ataque como una agresión directa, ejecutada con precisión y con un claro objetivo. Mascorro Muñoz había ocupado el cargo de secretario del ayuntamiento de Gómez Palacio durante la administración 2022-2025, encabezada por la priísta Leticia Herrera Ale, cuyo gobierno concluyó apenas el 30 de agosto. Su muerte ocurre solo dos meses y medio después de haber dejado el cargo.
Aunque hasta el momento no se ha confirmado un móvil oficial, el caso ha encendido alarmas: ¿se trata de un crimen político?, ¿una disputa personal?, ¿o un episodio relacionado con bandas delictivas? La Fiscalía del Estado ya abrió una carpeta de investigación, pero especialistas en seguridad advierten que este tipo de homicidios suele requerir análisis profundos para determinar su contexto real.
En medio de la conmoción, vecinos y familiares exigen justicia y mayor presencia policial en la zona. La colonia, anteriormente considerada tranquila, ahora aparece en titulares nacionales por razones que nadie habría deseado.
A la mitad de la cobertura, el concepto de violencia en Durango vuelve a hacerse presente como un eje que conecta lo sucedido con patrones más amplios: asesinatos de funcionarios, ataques directos y una creciente sensación de vulnerabilidad entre la población civil.
Reacciones oficiales y el impacto político del ataque
El asesinato generó reacción inmediata en el ámbito estatal. Autoridades de seguridad señalaron que están colaborando para ubicar al responsable y aclarar si existe o no un trasfondo político.
El caso llega en un momento delicado para Durango, donde la percepción de inseguridad ha ido en aumento. Los homicidios vinculados a actores públicos, aunque no nuevos, siempre levantan cuestionamientos sobre la estabilidad política y la efectividad de las instituciones de seguridad.
Analistas consultados en la región advierten que este crimen podría convertirse en un punto de inflexión para evaluar estrategias de protección a exfuncionarios, así como para revisar la capacidad de respuesta policial ante ataques planificados.
La comunidad en duelo y la exigencia de justicia
En Gómez Palacio, la noticia corrió rápido. Vecinos, periodistas y ciudadanos expresaron su preocupación en redes sociales. Mascorro Muñoz era reconocido por su trato directo y su presencia constante en gestiones municipales. Su muerte, ocurrida literalmente en la puerta de su casa, ha dejado un vacío emocional en su entorno más cercano.
La exigencia ahora es clara: justicia y resultados. Durango no puede permitirse otro caso sin resolver, especialmente cuando se trata de figuras públicas que podrían ser blanco de actores criminales.
Violencia en Durango como un desafío que exige respuestas
La violencia en Durango volvió a golpear, esta vez arrebatando la vida a un exsecretario municipal cuya mañana parecía normal. Su muerte no solo deja preguntas abiertas, sino que también obliga a mirar de frente un problema que se ha vuelto recurrente: la vulnerabilidad de funcionarios, exservidores públicos y ciudadanos comunes ante ataques directos. Resolver este crimen será fundamental para restaurar la confianza y evitar que la violencia se normalice aún más en Gómez Palacio y en todo el estado.
