El nombre de Israel Vallarta volvió a encender la opinión pública tras su liberación en agosto de 2025, luego de pasar dos décadas en prisión. Sin embargo, para Ezequiel Elizalde, víctima de secuestro a manos de la banda de Los Zodiaco, la libertad de Vallarta no significa justicia, sino una herida abierta que se niega a cerrar.
En entrevista con medios nacionales, Elizalde no dudó en reafirmar:
“Sigo reconociendo, y sin temor a equivocarme, a Israel Vallarta como el líder de la banda que me secuestró. Él tiene las manos manchadas de sangre.”
Carta a Sheinbaum: la exigencia de las víctimas
Elizalde envió una carta a la presidenta Claudia Sheinbaum, expresando su profunda preocupación por la liberación de Vallarta y la credibilidad que —a su juicio— los medios le han otorgado.
En el documento, el sobreviviente recalcó que durante todo el proceso se mantuvo firme en sus declaraciones y que las víctimas no deben cargar con los errores de las autoridades judiciales:
“No es justo que por errores del sistema, seamos nosotros y nuestras familias quienes sigamos pagando las consecuencias.”
Críticas a la cobertura mediática
Elizalde cuestionó la manera en que Vallarta ha sido presentado públicamente tras recuperar su libertad, acusando que existe una estrategia mediática para legitimarlo. “Le están dando credibilidad a un delincuente”, afirmó.
El temor a un salto político
La inquietud de la víctima creció aún más al enterarse de que Vallarta buscaría un cargo en el Senado de la República. Para Elizalde, esta posibilidad representa un retroceso para la justicia y una afrenta para quienes sufrieron la violencia de Los Zodiaco.
Una herida que sigue abierta
Más allá de lo jurídico, Elizalde relató que aún vive con las secuelas del secuestro, un dolor que ni los años ni las resoluciones judiciales logran borrar. “Con el corazón en la mano, le pido Presidenta que esté de nuestro lado y nos ayude a garantizar que la justicia en México no sea un privilegio”, concluyó en su carta.
La polémica en torno al caso Vallarta sigue dividiendo opiniones, pero para las víctimas como Elizalde, la verdad es clara: el recuerdo del secuestro y la exigencia de justicia permanecen intactos.
