Protección civil. Dos palabras que, tras la tragedia del Waldo’s en Hermosillo, dejaron de ser un concepto administrativo para convertirse en un recordatorio doloroso de lo que está en juego cuando el Estado falla. En Sonora, el primero de noviembre no solo colapsó un techo: colapsó la confianza, la rutina y la vida cotidiana de cientos de familias. El derrumbe, que dejó 24 personas fallecidas —incluyendo seis menores— y más de 15 lesionadas, se convirtió en un parteaguas que el gobierno estatal ya no puede ignorar.
Aquella tarde, mientras la noticia recorría el país, vecinos y testigos narraban la desesperación, el polvo y el silencio que siguió al estruendo. Los cuerpos de emergencia actuaron… pero ya era demasiado tarde. Esa escena es la que hoy impulsa al gobernador Alfonso Durazo a anunciar una reestructuración completa del sistema estatal y municipal de emergencias. No como un gesto político, sino como una urgencia moral, institucional y social.
Un dolor que obliga a reconstruir: así nace la nueva protección civil en Sonora
En un mensaje dirigido a la ciudadanía, Durazo reconoció que la tragedia exige cambios estructurales inmediatos. No bastan las condolencias ni los minutos de silencio. Según explicó, desde los días posteriores al incidente ha sostenido encuentros con víctimas, familiares, especialistas y organizaciones civiles. De esas conversaciones emergió una convicción compartida: la tragedia no puede repetirse.
El rediseño incluye la profesionalización del personal, la creación de un sistema de carrera, una homologación regulatoria más estricta y mecanismos de inspección reforzados para establecimientos públicos y privados. También se impulsará un modelo de coordinación más estrecho entre autoridades municipales y estatales. Todo con un objetivo central: que la protección civil deje de ser reactiva y se convierta realmente en preventiva.
A nivel presupuestal, el cambio será significativo. El gobernador adelantó que en el Proyecto de Presupuesto 2026 propuso elevar los recursos de 96 millones de pesos a 152 millones. Esto, dijo, permitirá aumentar la capacidad operativa, mejorar inspecciones, aplicar sanciones y fortalecer áreas dedicadas exclusivamente a la identificación de riesgos.
A la mitad del camino: protección civil entendida como memoria y justicia
La historia de Sonora después de Waldo’s está apenas comenzando a escribirse. A la mitad de esta narrativa, la protección civil ya no es solo una política pública, sino un compromiso con la memoria de quienes perdieron la vida. Durazo lo subraya una y otra vez: no habrá impunidad ni encubrimiento. La reconstrucción institucional será, asegura, una forma de honrar a las víctimas y una herramienta para evitar que otro edificio mal supervisado se convierta en una tumba.
El estado también convocará a sectores empresariales, académicos y profesionales para diseñar un nuevo modelo de supervisión con criterios claros, transparentes y auditables. La ciudadanía tendrá un papel central: se busca legitimar la cultura de prevención desde abajo, no desde escritorios burocráticos.
Testimonios de familiares indican que lo que más exigen no es dinero ni discursos, sino garantías. Garantías de que otros hijos, padres, compañeros de trabajo no morirán por negligencia. Ese clamor popular es ahora parte estructural del rediseño institucional.
Hacia el futuro: un modelo de prevención que no permita otra tragedia
La tragedia en Waldo’s dejó claro que la prevención salva vidas. En este sentido, el rediseño no solo busca corregir fallas del pasado, sino construir un marco legal y operativo robusto que sobreviva a cambios de administración. Sonora busca posicionarse como referente nacional en políticas de seguridad para establecimientos comerciales, industrias y espacios públicos.
El gobernador fue contundente: “No hay tiempo que perder”. Y tiene razón. En un estado donde la vida cotidiana depende de infraestructura comercial, educativa e industrial, es indispensable un modelo de inspección fuerte, técnico y transparente.
La historia que comenzó con destrucción busca cerrar con reconstrucción y aprendizaje. Por eso, el gobierno enfatiza que esta reforma no es un gesto político ni un plan temporal: es un compromiso con la vida. Protección civil, una promesa, una que Sonora no puede volver a romper.
