
El hallazgo que paralizó a Hermosillo: tres niñas asesinadas junto a la carretera
El paisaje desértico que une Hermosillo con las zonas pesqueras y agrícolas fue escenario de uno de los crímenes más atroces registrados en la historia reciente de Sonora. Bajo la sombra de un árbol, a un costado de la carretera 36 norte, yacían los cuerpos sin vida de tres niñas de entre 6 y 8 años, halladas por el colectivo Buscadoras Por La Paz Sonora.
Según los primeros reportes, dos de las menores presentaban impactos de bala. La tercera, aún sin confirmación oficial de la causa de muerte, fue encontrada junto a sus hermanas. Los cuerpos estaban alineados con una crudeza que hiela la sangre y evoca el peor rostro de la violencia: aquel que se ensaña con la infancia.
Tres hermanas: una historia interrumpida por la violencia
“Son tres niñas, tres hermanas. Al parecer son cuatas de 8 años y una más chiquita de 6. Fue por violencia, les dieron un balazo”, declaró Cecilia Delgado, líder del colectivo que hizo el hallazgo.
Lo que parecía una historia de familia común se convirtió en una tragedia nacional. Las primeras investigaciones apuntan a que podrían ser hijas de una mujer encontrada muerta un día antes en la misma carretera. Aunque la fiscalía aún no lo confirma, el vínculo familiar parece inevitable.
La respuesta institucional: investigación y peritaje forense
La Fiscalía de Sonora informó que los cuerpos fueron localizados a la altura del kilómetro 7. El lugar fue acordonado y procesado por peritos, mientras todas las áreas especializadas fueron activadas para esclarecer lo ocurrido.
“Se integrarán todos los indicios en la carpeta de investigación”, detalló la dependencia en su primer boletín oficial.
El caso ha movilizado a fuerzas forenses, expertos en psicología criminal, unidades de homicidios y crimen organizado. La presión social para esclarecer los hechos es abrumadora. La sociedad exige justicia, respuestas y, sobre todo, que no vuelva a ocurrir
Un Hermosillo en crisis: asesinatos, levantones y terror cotidiano
El horror no se detiene. El mismo sábado en que se encontraron los cuerpos, varios ataques armados sacudieron Hermosillo. Un día antes, seis personas fueron asesinadas en distintos puntos de la ciudad.
La capital de Sonora, que alguna vez fue un bastión de paz relativa, se ha convertido en un campo de batalla entre Los Chapitos y Los Salazar, dos facciones del crimen organizado que disputan el control territorial de la región.
El efecto en la sociedad civil: miedo, parálisis y desesperanza
El terror no solo afecta a las víctimas directas. Organizaciones civiles también han comenzado a suspender actividades por temor a ser alcanzadas por la violencia. La ONG Rescate Animal, activa desde 2014, anunció la cancelación de todos sus servicios por razones de seguridad.
“No podemos seguir operando en un entorno donde los levantones y asesinatos son parte de la rutina diaria”, lamentaron en un comunicado.
Esta parálisis refleja el grado de descomposición del tejido social, donde incluso las labores humanitarias y altruistas quedan relegadas ante el avance del crimen.
El rostro más cruel de la impunidad: la infancia como blanco
Lo que ocurrió en la carretera 36 norte no puede normalizarse. Tres niñas asesinadas —dos con impactos de bala— evidencian un nivel de deshumanización que desafía los límites de la razón. La niñez, símbolo universal de inocencia, se convierte aquí en víctima directa de estructuras violentas, desgobierno y abandono institucional.
No es un hecho aislado: es la consecuencia directa de años de impunidad, descomposición social y corrupción estructural.
Hermosillo llora, pero también exige
Sonora está de luto, pero también de pie. Colectivos como Buscadoras Por La Paz Sonora se han convertido en los ojos, los brazos y la conciencia de una sociedad que no se rinde ante el silencio ni el miedo. El caso de las tres niñas no puede ni debe caer en el olvido.
En medio del dolor, queda la urgencia de repensar las políticas de seguridad, de fortalecer las instituciones y de reconstruir un país donde ser niña no sea una condena de muerte.