La noticia de la ejecución de Lázaro Gambino en Zapopan, Jalisco, ha destapado una historia que parece sacada de un guion cinematográfico, una que explora la porosa frontera entre la legalidad y el crimen en México. Gambino no era un desconocido; en Sinaloa, su nombre resonaba en los pasillos de la administración pública y en las aulas universitarias. Sin embargo, su asesinato a cientos de kilómetros de su hogar ha puesto el foco en una faceta mucho más oscura y peligrosa de su vida.
La Cara Pública: Abogado, Funcionario y Maestro Universitario
Para el público y el sistema, Lázaro Gambino era un ciudadano ejemplar. Identificado formalmente por sus familiares tras el homicidio, se confirmó que era abogado de profesión y un activo funcionario del Gobierno de Sinaloa. Su compromiso con el servicio público se extendía al ámbito académico, donde era una figura reconocida.
Gambino ejercía como catedrático en la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), una de las instituciones de educación superior más importantes del noroeste de México. Ser profesor universitario le confería un estatus de respeto y credibilidad en su comunidad, formando a las futuras generaciones de profesionistas del estado.
Su perfil público era el de un hombre integrado en las estructuras legales y educativas de Sinaloa. Sin embargo, la investigación de su asesinato, según ha confirmado la Fiscalía de Jalisco, se centrará precisamente en su labor como funcionario, un indicio de que sus actividades profesionales podrían ser la clave para entender su muerte.
La Cara Oculta: El Vínculo Familiar con el Cártel de Sinaloa
El elemento que transforma este caso de un simple homicidio a un evento de seguridad nacional es su presunta conexión familiar con el crimen organizado. Múltiples reportes lo señalan como concuño de Iván Archivaldo Guzmán Salazar, «El Chapito», uno de los herederos del imperio de Joaquín «El Chapo» Guzmán y actual líder de la facción de «Los Chapitos».
Este parentesco no es un detalle menor. En las estructuras de los cárteles, los lazos familiares son fundamentales para la confianza y la operación. Ser familiar de un líder de tan alto nivel como «El Chapito» lo colocaba, voluntaria o involuntariamente, dentro de un círculo de poder e influencia extremadamente peligroso.
«A Lázaro Gambino lo señalaban de ser concuño de Iván Archivaldo Guzmán Salazar alias ‘El Chapito’. Se espera que en el transcurso del día se dé más información de lo ocurrido.»
La Dualidad que Pudo Ser su Sentencia
La historia de Lázaro Gambino pone de manifiesto un fenómeno recurrente en las regiones con fuerte presencia del narcotráfico: la coexistencia de identidades. Personas que, por un lado, participan activamente en la vida civil, política y profesional, mientras que, por otro, mantienen lazos con estructuras criminales.
Esta dualidad plantea preguntas incómodas y profundas:
* ¿Utilizaba su posición en el gobierno o la universidad para beneficiar al cártel?
* ¿Fue su conexión familiar una condena inevitable, independientemente de sus acciones personales?
* ¿Es su caso un ejemplo de la infiltración del crimen organizado en las instituciones del estado?
Su asesinato en Zapopan, territorio del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), sugiere que sus enemigos no lo veían como un simple maestro o funcionario. Para ellos, Lázaro Gambino era una pieza del Cártel de Sinaloa, y su ejecución, un golpe estratégico en la guerra que libran ambas organizaciones.
La investigación apenas comienza, pero el caso de Lázaro Gambino ya es un crudo recordatorio de cómo las sombras del narcotráfico pueden extenderse hasta los lugares más insospechados, desde un cubículo de gobierno hasta un salón de clases universitario.
