Mientras Zitácuaro ardía, su alcalde publicaba sobre el huracán en Acapulco. Su polémico pasado, incluyendo un arresto por nexos con el narco, aviva las dudas sobre la respuesta oficial a la crisis. Descubre la controversia.
En medio del terror desatado por el CJNG en Zitácuaro, la actuación de las autoridades ha quedado bajo un intenso escrutinio. El alcalde, Juan Antonio «Toño» Ixtláhuac, fue criticado por su aparente distracción de la crisis, mientras su polémico pasado, que incluye una detención por presuntos vínculos con el crimen organizado, resurge con fuerza.
Morelia, Michoacán.- Mientras los ciudadanos de Zitácuaro se escondían de las balas y la ciudad era paralizada por narcobloqueos e incendios, la atención se desvió hacia la figura de sus líderes, cuyas acciones y omisiones durante la crisis han generado una profunda controversia y reavivado viejas heridas.
El foco principal de los cuestionamientos es el presidente municipal, Juan Antonio «Toño» Ixtláhuac Orihuela. En un hecho que ha sido calificado como «insensible» y «desconectado de la realidad» por usuarios de redes sociales, durante el apogeo de la violencia en su municipio, el alcalde publicó en sus perfiles oficiales que se encontraba con el cuerpo de bomberos local, no para atender la emergencia en Zitácuaro, sino para coordinar el envío de ayuda a Acapulco por los efectos del huracán Erick.
Esta publicación, realizada mientras su propia gente vivía horas de terror, desató una ola de indignación y puso en duda la capacidad de respuesta y las prioridades de su administración.
Un Pasado que Vuelve para Ensombrecer el Presente
La polémica en torno a la gestión de la crisis por parte de Ixtláhuac se ve magnificada por su historial. El actual alcalde, que llegó al poder bajo la bandera de Morena pero con un pasado priista, no es un desconocido en las páginas de la crónica judicial.
En el periodo 2009-2010, Ixtláhuac pasó 10 meses en prisión, acusado de tener vínculos con el cártel de Los Caballeros Templarios, una de las organizaciones criminales más poderosas de la época. Aunque finalmente fue liberado, el estigma de aquella detención ha resurgido con fuerza ante la actual crisis de seguridad en su municipio.
La combinación de una respuesta considerada inadecuada durante el ataque y un pasado manchado por acusaciones de nexos con el crimen organizado ha generado un clima de desconfianza. Las preguntas que surgen en la opinión pública son directas: ¿Se trata de incompetencia, de una mala estrategia de comunicación o de algo más profundo?
La Tímida Reacción del Gobierno Estatal
Por su parte, la respuesta del gobierno de Michoacán, encabezado por Alfredo Ramírez Bedolla, también ha sido objeto de críticas por su aparente tibieza. El gobernador se limitó a informar que había instruido a la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) a «ejercer su función» y a reforzar la presencia de fuerzas del orden en la zona.
«Las acciones coordinadas se mantendrán a efecto de ubicar y detener a los implicados en los hechos registrados durante las últimas horas», refirió el gobierno estatal en un comunicado.
Para muchos, esta declaración es una respuesta burocrática y de manual que no está a la altura de la gravedad de los hechos, especialmente tras la confirmación de la muerte de un niño de 5 años. Mientras las autoridades locales y estatales intentan controlar la narrativa, la sociedad civil y los opositores políticos exigen una rendición de cuentas clara y acciones contundentes que vayan más allá de los comunicados de prensa.
