La noche del sábado, la tranquilidad de la comunidad de Jícamas, en Valle de Santiago, Guanajuato, se rompió con el eco de las balas. Un grupo de vecinos convivía frente a una pequeña tienda de abarrotes cuando hombres armados llegaron y comenzaron a disparar sin piedad.
En cuestión de segundos, la reunión se convirtió en tragedia: siete personas perdieron la vida y un hombre más resultó gravemente herido, trasladado de urgencia a un hospital cercano.
Una comunidad marcada por el miedo
Valle de Santiago, conocido por sus paisajes de cráteres volcánicos y tradiciones agrícolas, se ha visto cada vez más golpeado por la violencia. La comunidad de Jícamas, ubicada en la calle 16 de septiembre, no había sido escenario de ataques de esta magnitud, pero ahora sus habitantes cargan con el peso del miedo y la incertidumbre.
“Todos estábamos en casa cuando escuchamos los disparos. Nadie quería salir, solo se escuchaban gritos”, relató un vecino que pidió permanecer en el anonimato.
Guanajuato: un estado bajo fuego
Este ataque se suma a una larga lista de hechos violentos en Guanajuato, entidad que en los últimos años ha encabezado las cifras de homicidios en México. La disputa entre grupos criminales, sumada a la debilidad institucional en algunos municipios, ha dejado comunidades rurales especialmente vulnerables.
Las víctimas de Jícamas son, en su mayoría, pobladores comunes que estaban en el lugar equivocado a la hora equivocada. Historias de vida truncadas que reflejan una problemática más amplia: la normalización de la violencia en el día a día.
Respuesta de las autoridades
Tras el ataque, autoridades de los tres niveles de gobierno implementaron un operativo en la zona. Aunque los responsables lograron escapar, la Guardia Nacional, el Ejército y la Policía Estatal intensificaron patrullajes en Valle de Santiago.
El alcalde condenó los hechos y pidió apoyo federal para reforzar la seguridad en las comunidades rurales, donde la presencia de las fuerzas del orden suele ser limitada.
Historias detrás de la tragedia
Uno de los fallecidos era un joven de apenas 20 años, quien según vecinos ayudaba en la tienda donde ocurrió la masacre. Otro, un hombre mayor, acostumbraba reunirse en las noches con amigos para jugar cartas. Sus muertes recuerdan que la violencia no distingue edades ni oficios.
Para las familias, el dolor se mezcla con la frustración: no hay garantías de justicia, y cada día sienten más lejana la paz.
La herida de un estado que no cicatriza
Guanajuato se ha convertido en un termómetro de la inseguridad en México. Lo ocurrido en Jícamas refleja la fragilidad de las comunidades rurales frente al crimen organizado. Aunque se desplieguen operativos, los habitantes saben que tras unos días, el silencio oficial volverá y el miedo permanecerá.
