La tarde del 22 de septiembre, el CCH Sur de la UNAM vivió una jornada de terror.
Lex Ashton, estudiante de 19 años, atacó con un arma blanca a un compañero y dejó herido a un trabajador que intentó detenerlo.
Testigos relataron que el joven llegó vestido de negro, con lentes oscuros y una pañoleta de calavera. Esa misma vestimenta ya la había mostrado en su perfil de Facebook, donde días antes había publicado imágenes inquietantes.
Tras herir a dos personas, intentó agredir a una tercera y finalmente se lanzó desde el tercer piso de un edificio dentro del plantel, resultando con fracturas y siendo trasladado bajo custodia policial.
El ataque paralizó la vida académica: el plantel fue desalojado y la Fiscalía capitalina abrió carpetas de investigación por homicidio calificado en grado de tentativa y lesiones dolosas.
Señales en redes: armas, amenazas y estética oscura
Momentos antes del ataque, Lex Ashton compartió fotos en Facebook mostrando cuchillos tipo karambit, un hacha, gas pimienta y ropa negra con la palabra Bloodbath.
También dejó mensajes alarmantes: “La escoria como yo tiene la misión de recoger la basura”.
Su portada incluía una ilustración de calavera con sombrero y la frase: “Dios me mandó para empeorar la mierda”.
Estas publicaciones pasaron desapercibidas hasta que se convirtieron en prueba de planeación.
Casos recientes que reflejan un patrón preocupante
El ataque no fue un hecho aislado. En noviembre de 2024, un estudiante de 17 años en la Preparatoria San Andrés, en Guadalajara, agredió con un martillo a dos compañeros y transmitió en vivo el hecho desde su celular.
Meses antes, en marzo de 2024, Gabriel Alejandro “N” irrumpió en la Universidad Tecnológica de Guadalajara (UTEG) armado con un machete, asesinó a dos empleadas y dejó un rastro de mensajes en redes que anticipaban su crimen.
Estos episodios muestran un patrón inquietante: advertencias digitales, estética macabra y ataques ritualizados.
Comunidades digitales: edgelords e incels en México
Especialistas han señalado que detrás de estos comportamientos se encuentran influencias de subculturas en línea como los edgelords y los incels.
- Los edgelords suelen publicar mensajes extremos y violentos con el fin de impactar o provocar.
- Los incels son comunidades de hombres jóvenes que canalizan frustraciones sociales o sentimentales en discursos de odio y, en casos extremos, en actos violentos.
Aunque no todos sus integrantes cruzan la línea delictiva, los patrones de glorificación de la violencia y la construcción de una identidad oscura resultan alarmantes.
La respuesta institucional y el llamado a la prevención
Tras el ataque, la UNAM y la SEP condenaron los hechos y anunciaron un reforzamiento de protocolos de seguridad en planteles. También expresaron respaldo a las víctimas y subrayaron la necesidad de atender señales previas.
El caso de Lex Ashton plantea una interrogante clave: ¿cómo detectar y frenar estas señales digitales antes de que se traduzcan en tragedias dentro de las aulas?
