Alerta Máxima en la “Carretera de la Muerte” Monterrey-Laredo

Alerta Máxima en la “Carretera de la Muerte” Monterrey-Laredo
Alerta Máxima en la “Carretera de la Muerte” Monterrey-Laredo

Una nueva alerta de seguridad del Consulado de Estados Unidos ha vuelto a poner los reflectores sobre la crisis en la carretera Monterrey-Nuevo Laredo, apodada la «carretera de la muerte», donde decenas de personas han desaparecido este año en un tramo controlado por el crimen organizado.

La principal arteria que conecta el polo industrial de Monterrey con la frontera de Estados Unidos se ha consolidado como un agujero negro de seguridad. El Consulado de Estados Unidos ha emitido una nueva y urgente alerta de seguridad advirtiendo a sus ciudadanos sobre el peligro extremo de viajar por la carretera que une Monterrey con Nuevo Laredo y Reynosa, debido a un alarmante patrón de desapariciones forzadas que ha dejado hasta 50 víctimas en lo que va del año.

La alerta estadounidense es específica y contundente. Advierte sobre los riesgos en el tramo de la carretera a Reynosa, entre Cadereyta y Los Ramones, y reitera la prohibición para los empleados del gobierno de EUA de viajar por carreteras interiores de Tamaulipas. El viaje entre Monterrey y Nuevo Laredo está restringido para ellos a la autopista de cuota 85D, únicamente durante el día y con autorización previa. El Departamento de Estado mantiene para Tamaulipas su máxima advertencia: Nivel 4 – No Viajar, debido a crimen y secuestro.

Un Patrón de Terror: El Modus Operandi

Las desapariciones no son hechos aislados; siguen un patrón que sugiere la operación de un grupo criminal con total impunidad. Según testimonios de los pocos sobrevivientes y familiares de las víctimas, el modus operandi es el siguiente:

  • Hombres armados interceptan vehículos de civiles en la carretera.
  • Obligan a los conductores a detenerse.
  • Los ocupantes son golpeados, secuestrados y sus vehículos son robados.

La mayoría de las víctimas simplemente se desvanecen. Entre los desaparecidos se encuentran ciudadanos y residentes estadounidenses, como el caso de Gladys Pérez Sánchez y sus dos hijos de 9 y 16 años, originarios de Laredo, Texas, quienes desaparecieron el 13 de junio tras visitar a familiares en Sabinas Hidalgo, un municipio sobre la carretera.

Una Estrategia de Narco-Terrorismo

Analistas de seguridad señalan que esta ola de secuestros representa un regreso a las tácticas más oscuras de la guerra contra el narcotráfico de 2006-2012. Ya no se trata solo de enfrentamientos entre cárteles rivales; es un ataque deliberado contra la población civil en un corredor económico vital. El objetivo parece ser el control territorial a través del miedo, una estrategia de narco-terrorismo diseñada para demostrar que el crimen organizado, y no el Estado, es quien manda en la región.

«Ya no es entre los cárteles; están atacando al público». – Angélica Orozco, activista del grupo Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos.

La Falla de la Autoridad: Una Respuesta Tardía

La crisis en la carretera también ha expuesto una grave falla de gobernanza y cooperación interestatal. Durante meses, mientras las denuncias se acumulaban, la respuesta de los gobiernos de Nuevo León y Tamaulipas fue criticada por ser lenta y desarticulada. Inicialmente, las autoridades parecieron minimizar el problema o culparse mutuamente.

Fue necesaria la presión de grupos cívicos como Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos, que emitieron una advertencia pública el 19 de mayo, y las alertas consulares de Estados Unidos para que finalmente, a finales de junio, ambos estados anunciaran un operativo de seguridad conjunto para vigilar la carretera. Para decenas de familias, esta respuesta llegó demasiado tarde. La «carretera de la muerte» es hoy un monumento tanto a la brutalidad del crimen organizado como a la incapacidad del Estado para proteger a sus ciudadanos en uno de los tramos más importantes del país.

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