En medio de la creciente tensión diplomática entre México y Estados Unidos por temas de seguridad, la presidenta Claudia Sheinbaum envió un mensaje claro y contundente: la lucha contra el crimen organizado se libra desde México, con recursos mexicanos y bajo mando mexicano.
El anuncio surge tras especulaciones en medios estadounidenses sobre la posible presencia de más agentes en territorio nacional, un escenario que, según la mandataria, no está ni estará sobre la mesa. La estrategia de seguridad mexicana —dijo— se basa en la cooperación, pero sin renunciar a la soberanía ni a la autonomía en la toma de decisiones.
Una línea firme ante Washington
Desde los primeros meses de su gobierno, Sheinbaum ha buscado mantener un equilibrio entre la colaboración con Estados Unidos y la defensa de la independencia nacional. Aunque la relación bilateral atraviesa un momento de ajustes por el tema del narcotráfico y el tráfico de armas, el nuevo enfoque diplomático de México prioriza la coordinación técnica sobre la intervención militar.
Fuentes de la Presidencia señalaron que la mandataria ha sostenido reuniones con funcionarios estadounidenses como el secretario de Estado, Marco Rubio, para fortalecer la cooperación en inteligencia y control fronterizo, sin que esto implique el despliegue de personal extranjero.
Este entendimiento busca modernizar los mecanismos de intercambio de información y entrenamiento, pero manteniendo un principio irrenunciable: la seguridad de México se decide en México.
El tráfico de armas, prioridad compartida
Mientras Estados Unidos presiona para endurecer las acciones contra el narcotráfico, México ha puesto el foco en la entrada ilegal de armas que alimenta la violencia en los estados fronterizos.
Las autoridades mexicanas han insistido en que los decomisos de armamento en territorio estadounidense son fundamentales para frenar el flujo hacia cárteles del norte y occidente del país. En este sentido, Sheinbaum ha promovido una política de corresponsabilidad, recordando que ambos países deben trabajar juntos para atacar las raíces del problema.
El gobierno mexicano ha celebrado recientes confiscaciones de rifles de asalto y municiones en puntos fronterizos de Texas y Arizona, resultado de los operativos conjuntos de inteligencia. Sin embargo, el objetivo a largo plazo es prevenir el tráfico en origen y reforzar el control aduanero desde ambos lados.
Seguridad nacional con sello mexicano
El eje central de la estrategia de Sheinbaum es fortalecer las capacidades de las instituciones mexicanas, especialmente la Guardia Nacional y la Secretaría de Marina, que continúan ampliando su despliegue en zonas críticas del país.
El enfoque se basa en tecnología, inteligencia y coordinación con autoridades locales, sin depender de la presencia física de fuerzas extranjeras. La narrativa que impulsa el gobierno mexicano es clara: cooperación sí, subordinación no.
En esta nueva etapa de relaciones bilaterales, México busca proyectar una imagen de estabilidad, madurez diplomática y control institucional, mientras enfrenta desafíos de seguridad y crimen trasnacional.
Un mensaje de independencia ante la comunidad internacional
El posicionamiento de Sheinbaum ha sido interpretado como un gesto de reafirmación nacional en el marco de una relación compleja con Washington. En la práctica, este discurso marca un punto de inflexión en la política exterior mexicana, al mantener la cooperación abierta, pero bajo parámetros de respeto mutuo.
Con esto, México busca mantener su papel como socio confiable en temas regionales de seguridad, sin sacrificar su soberanía ni depender del músculo militar estadounidense.
