La semana pasada, México presenció un operativo que encendió una chispa de esperanza: Operación Enjambre, destinada a detener a servidores públicos presuntamente vinculados al crimen organizado en el Estado de México y Guerrero. Este esfuerzo coincide con la detención de dos importantes líderes criminales en Guerrero, una acción que marca un cambio en la estrategia de seguridad del gobierno.
Sin embargo, aunque estos operativos son un paso adelante, la realidad muestra que el camino hacia la paz sigue siendo largo y lleno de desafíos.
¿Qué diferencia a Operación Enjambre de esfuerzos anteriores?
Tres elementos clave distinguen esta estrategia de las políticas de seguridad del pasado:
- Reconocimiento del problema: Por primera vez, aunque de forma tácita, se admite la gravedad del crimen organizado en las instituciones. La reciente comparecencia de Omar García Harfuch en la Cámara de Diputados refuerza este enfoque.
- Colaboración entre niveles de gobierno: La narrativa oficial ahora incluye un llamado a los gobernadores y al fortalecimiento de las policías locales, un paso esencial para enfrentar la violencia territorial.
- Un liderazgo experimentado: La titularidad de la Secretaría de Seguridad está en manos de un policía de carrera, lo que aporta experiencia operativa y estratégica.
Los obstáculos que enfrenta la estrategia de seguridad
A pesar de los avances, la lucha contra el crimen organizado en México enfrenta importantes limitaciones:
- Déficit de personal: La Secretaría de Seguridad necesita más elementos para realizar operativos eficaces en todo el país.
- Narrativa pasada: La política de «abrazos, no balazos» sigue siendo un lastre que inhibe decisiones contundentes y genera inacción en algunos gobernadores.
- Falta de coordinación: Los municipios enfrentan enormes dificultades para combatir al crimen sin el apoyo estatal y federal.
Las tareas pendientes para autoridades locales
Para consolidar el impacto de iniciativas como Operación Enjambre, es fundamental que las autoridades locales asuman un papel más activo. Entre las acciones prioritarias se encuentran:
- Fortalecer a las policías: Certificar, capacitar y aumentar los salarios de los elementos para evitar infiltraciones del crimen organizado.
- Eliminar fuentes de financiamiento criminal: Erradicar el juego ilegal, la venta de alcohol sin licencia y los giros negros.
- Transparencia administrativa: Implementar procesos rigurosos para evitar que funcionarios con vínculos criminales ingresen a la administración pública.
- Coordinación interinstitucional: Establecer mecanismos efectivos de colaboración entre municipios, estados y la federación.
Más allá de los operativos: reconstrucción del tejido social
La seguridad no solo depende de capturar a criminales o desarticular redes delictivas. Es indispensable abordar temas estructurales, como la reconstrucción del tejido social, un área que representó un fracaso en la administración pasada.
Esto incluye:
- Educación y empleo: Generar oportunidades para los jóvenes en comunidades vulnerables.
- Programas culturales y deportivos: Crear espacios que fortalezcan los lazos comunitarios y ofrezcan alternativas al crimen.
- Apoyo psicológico: Atender a víctimas de violencia y promover la resiliencia social.
La importancia de evaluar el progreso
Otro desafío crucial es garantizar la transparencia y efectividad de las estrategias de seguridad. Actualmente, hay dudas sobre los indicadores utilizados para medir avances y la veracidad de las estadísticas oficiales.
Es necesario:
- Evaluaciones periódicas externas: Para garantizar que las estrategias están funcionando.
- Estadísticas confiables: Publicar datos claros y verificables para construir confianza en las instituciones.
- Comunicación efectiva: Informar a la ciudadanía sobre los logros y retos de la estrategia de seguridad.
Un camino largo, pero posible
Operación Enjambre ha demostrado que es posible avanzar en la lucha contra el crimen organizado, pero también deja claro que no es suficiente. Recuperar la paz en México requerirá un esfuerzo coordinado entre los tres niveles de gobierno, reformas estructurales en las instituciones de seguridad y un enfoque decidido en reconstruir el tejido social.
El crimen organizado no solo se combate con operativos, sino con la construcción de un país más justo, equitativo y seguro para todos.
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