Claudia Sheinbaum y el fin de “los abrazos”: un nuevo enfoque de seguridad
En sus primeras semanas en el cargo, Claudia Sheinbaum ha enfrentado el desafío de la violencia con una serie de operativos que han dejado un saldo de más de 50 presuntos delincuentes abatidos en distintos estados del país. Un cambio de enfoque que deja entrever una ruptura con la política de “abrazos, no balazos” impulsada por su antecesor, Andrés Manuel López Obrador. Este nuevo panorama de seguridad no solo pone a prueba las estrategias de Sheinbaum, sino también el papel de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), reestructurada recientemente con la controvertida reelección de Rosario Piedra Ibarra.
Un inicio sangriento: operativos y enfrentamientos
El sexenio de Sheinbaum comenzó con una serie de operativos en distintas regiones de México. En Chiapas, seis migrantes fueron abatidos por militares que afirmaron haber confundido sus vehículos con los utilizados por criminales. En Colima y Sinaloa, otras 25 personas murieron en enfrentamientos con la Secretaría de Marina y la Sedena, mientras que en Nuevo Laredo, una niña y una enfermera fallecieron por disparos cruzados. Este escenario de violencia contrasta drásticamente con las promesas iniciales de Sheinbaum de reducir los enfrentamientos armados, y plantea preguntas sobre el verdadero rumbo de su estrategia.
Al mismo tiempo, el nuevo gobierno parece dispuesto a retomar un enfoque que recuerda a los tiempos más duros de la guerra contra el narcotráfico. Los reportes indican que, solo en el último año de López Obrador, hubo un incremento significativo en el número de presuntos criminales muertos en enfrentamientos con las fuerzas armadas, con 254 fallecidos de enero a octubre de 2024, el número más alto desde 2014.
Reelección de Rosario Piedra y el papel de la CNDH
La reciente reelección de Rosario Piedra Ibarra al frente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos ha generado controversia. Desde su llegada, Piedra ha sido criticada por mantener una postura de apoyo hacia las fuerzas armadas, limitando las recomendaciones hacia la Sedena y la Guardia Nacional a pesar de las denuncias y quejas en su contra. Según un estudio del Centro Prodh, durante su mandato, la Guardia Nacional y la Sedena acumularon más de 3,400 quejas, pero la CNDH solo emitió 39 recomendaciones en total.
A lo largo de su gestión, Rosario Piedra evitó dirigir recomendaciones contundentes en casos de violaciones graves, como denuncias de tortura o ejecuciones extrajudiciales. Ahora, con su reelección, se teme que la CNDH continúe con una postura de sumisión ante el gobierno, justo cuando México atraviesa una fase de recrudecimiento de la violencia.
Los derechos humanos y el giro en la estrategia de seguridad
El cambio en el enfoque de seguridad de Sheinbaum parece estar influenciado por la creciente violencia y el dominio territorial del crimen organizado. La salida de la política de “abrazos” es, en efecto, una herencia difícil del sexenio anterior, en el que se registraron más de 200 mil homicidios y amplias regiones del país bajo el control de grupos criminales.
La reelección de Rosario Piedra en la CNDH ha despertado inquietudes en organizaciones de derechos humanos, que consideran que su gestión debilitó gravemente la institución. Para Sheinbaum, contar con una CNDH bajo control podría ser clave en su estrategia de seguridad; sin embargo, esto también implica un desafío a las garantías de derechos humanos en los próximos años.
¿Qué implica este cambio de rumbo para el futuro de México?
La reelección de Rosario Piedra y el incremento de enfrentamientos armados en las primeras semanas del sexenio de Sheinbaum pueden marcar el inicio de un periodo de mayor intervención militar y enfrentamientos. Sin embargo, mantener a una CNDH subordinada podría generar consecuencias graves para el respeto a los derechos humanos, un tema que será clave en la percepción pública de esta nueva administración.
El desafío de Claudia Sheinbaum será encontrar un equilibrio entre las medidas de seguridad que planea implementar y el respeto a los derechos humanos, evitando una repetición de los abusos que caracterizaron etapas anteriores de militarización en México.
Conclusión: el fin de los abrazos y un panorama incierto
El gobierno de Sheinbaum enfrenta retos monumentales: redefinir la seguridad pública en un país con altos índices de violencia, todo mientras la CNDH parece destinada a actuar de forma menos autónoma. Aunque Sheinbaum prometió un enfoque diferente, sus primeras acciones indican una clara ruptura con la política de su antecesor, lo cual anticipa una nueva fase de operativos en México. Si bien este cambio de rumbo responde a una situación de extrema violencia, también plantea inquietudes sobre la capacidad de la CNDH para vigilar y proteger los derechos humanos en este contexto.
El próximo sexenio será decisivo para evaluar si estas nuevas estrategias logran un impacto positivo y duradero o si, por el contrario, conducen a una espiral de violencia y violaciones de derechos que ya hemos visto en el pasado.
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