El escándalo por los presuntos nexos de Hernán Bermúdez con el narco ha colocado al partido Morena y a uno de sus principales cuadros, Adán Augusto López, en una posición políticamente insostenible. La situación es un reflejo casi perfecto del caso Genaro García Luna, el arma política que por años usaron contra sus adversarios.
Durante años, el discurso político de Morena ha tenido un pilar fundamental: señalar la corrupción de administraciones pasadas, con el caso de Genaro García Luna como máximo estandarte de la colusión entre el gobierno del PAN y el crimen organizado. Hoy, ese pilar se tambalea. La orden de aprehensión internacional contra Hernán Bermúdez Requena, el hombre que Adán Augusto López puso a cargo de la seguridad de Tabasco, ha creado un «momento García Luna» para la Cuarta Transformación.
La narrativa es tan paralela que resulta demoledora para el partido en el poder. Un exsecretario de seguridad, acusado de liderar un cártel desde su puesto, mientras su jefe político, una figura de talla presidencial, ahora debe responder a la inevitable pregunta: ¿sabía o no sabía?
La Defensa de la «Negación Plausible»
La estrategia de defensa ya ha comenzado a desplegarse. El exgobernador interino de Tabasco, Carlos Manuel Merino, quien mantuvo a Bermúdez en el cargo, justificó su decisión en una entrevista reciente, argumentando que no actuó antes porque no había denuncias formales en su contra, a pesar de los señalamientos periodísticos y de inteligencia que ya existían.
Es previsible que Adán Augusto López adopte una línea similar de «negación plausible»: una defensa basada en la supuesta ignorancia de los hechos. Sin embargo, esta postura choca frontalmente con una realidad documentada: las investigaciones federales contra Bermúdez, según el titular de la SSPC, Omar García Harfuch, comenzaron desde finales de 2024. Esto debilita la defensa de que «nadie sabía nada» y alimenta la sospecha de, como mínimo, una grave omisión o, en el peor de los casos, complicidad.
«¿Por qué mantuvo a Hernán Bermúdez como titular de seguridad en Tabasco pese a señalamientos?» – Cuestionamiento central al exgobernador Carlos Manuel Merino, sucesor de Adán Augusto.
El Juicio a la Credibilidad de Morena
Este escándalo neutraliza una de las armas retóricas más efectivas de Morena. Ya no podrán señalar el caso García Luna sin que la oposición les devuelva el golpe con el caso Bermúdez. El tema central del debate público se desplaza hacia la coherencia y la credibilidad: ¿aplicará Morena la misma vara de justicia para los suyos que la que exige para sus adversarios?
La situación también representa una prueba de fuego para la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum y las lealtades internas del partido. La forma en que se maneje este caso desde el gobierno federal será una señal clara de su postura:
- ¿Protegerán a una figura de peso como Adán Augusto López, arriesgando su credibilidad anticorrupción?
- ¿O permitirán que la justicia siga su curso sin importar las consecuencias políticas, para demostrar un compromiso real con el fin de la impunidad?
Las acciones del actual gobernador de Tabasco, Javier May, quien ha declarado que su compromiso es «con los ciudadanos, no con los delincuentes», y el impulso de la investigación por parte de la SSPC federal, podrían indicar una inclinación hacia la segunda opción, posiblemente buscando desmarcar a la nueva administración de los escándalos de la anterior.
El caso Bermúdez ha dejado de ser un asunto de seguridad para convertirse en un referéndum sobre la integridad política del partido en el poder. La verdad, sin rodeos, es que Morena se enfrenta a su propio espejo, y la imagen que le devuelve es incómodamente familiar.
