La insensatez en el gobierno: cuando el poder sucumbe a la irracionalidad
“Más reinos derribó la soberbia que la espada”. Esta frase, cargada de sabiduría, encapsula lo que a lo largo de la historia ha llevado a grandes líderes y gobiernos al desastre: la insensatez. Cuando la terquedad y la soberbia toman el mando, la lógica y la razón son las primeras en ser desterradas del poder.
Bárbara Tuchman, en su célebre obra La Marcha de la Locura (1984), aborda este fenómeno con claridad. Según la historiadora, el mal gobierno puede ser tiránico, incompetente o ambicioso, pero lo que realmente destruye naciones es la irracionalidad.
La testarudez: una hija del poder
¿Por qué los gobernantes toman decisiones que a todas luces son absurdas? Tuchman identifica un factor crucial: la testarudez. Según la autora, esta es una forma de autoengaño que lleva a los líderes a ignorar las señales contrarias a sus ideas preconcebidas.
Casos como la invasión de Rusia por Napoleón o el ataque de Japón a Pearl Harbor muestran cómo incluso los hombres más talentosos pueden sucumbir a la irracionalidad, llevando a sus gobiernos al colapso.
Pero la pregunta persiste: ¿qué alimenta esta testarudez?
La soberbia como raíz de la irracionalidad
Además de la terquedad, la soberbia parece ser el denominador común en la insensatez gubernamental. Muchos líderes gobiernan con un ego desmedido, creyéndose superiores y, por ende, inmunes a la crítica o el error.
En la mitología griega, este fenómeno se llamaba hybris, una desmesura que desafiaba a los dioses. Según la leyenda, a quienes los dioses querían destruir, primero los volvían locos. La hybris no solo simboliza la arrogancia, sino también la ceguera que esta produce.
Lecciones históricas para evitar el colapso
Los ejemplos históricos son abundantes:
- Napoleón y su invasión a Rusia (1812): A pesar de los consejos en contra, Napoleón insistió en una campaña militar que diezmó a su ejército.
- Hitler y la guerra en múltiples frentes: Su arrogancia llevó al Tercer Reich a enfrentar simultáneamente a potencias como Estados Unidos, la Unión Soviética y Reino Unido.
- Pearl Harbor (1941): Japón subestimó la capacidad de respuesta de Estados Unidos, desatando su propia destrucción.
Cada uno de estos casos demuestra que la soberbia y la testarudez ciegan a los líderes, llevándolos a tomar decisiones catastróficas.
Cómo evitar la marcha de la locura en el presente
La responsabilidad del poder radica en gobernar razonablemente y en beneficio del pueblo. Para ello, es fundamental que los líderes:
- Mantengan el juicio abierto: Escuchar voces críticas y aceptar correcciones no es un signo de debilidad, sino de sensatez.
- Resistan la tentación de la terquedad: La capacidad de adaptarse y reconsiderar decisiones puede marcar la diferencia entre el éxito y el desastre.
- Reconozcan sus límites: La humildad es el antídoto contra la soberbia.
La historia está repleta de ejemplos que nos muestran los peligros de la insensatez en el poder. Gobernar con racionalidad y humildad no solo evita el colapso, sino que también construye naciones más fuertes y resilientes.
La próxima vez que observemos una decisión política que desafíe toda lógica, recordemos las palabras de Bárbara Tuchman: “El poder frecuentemente causa falla del pensamiento”.
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