La intervención militar fue mencionada hoy en «La Mañanera del pueblo» por la presidenta Claudia Sheinbaum, quien dejó claro desde el inicio que esa opción queda descartada y que el diálogo con Estados Unidos se sostiene en el respeto a la soberanía de México. En su mensaje sostuvo que el entendimiento bilateral en materia de seguridad no implica subordinación y que cualquier acción exterior sin consentimiento es inaceptable.
Intervención militar: rechazo y marco del entendimiento bilat eral
Sheinbaum respondió directamente a declaraciones recientes del secretario de Estado estadounidense, afirmando que la intervención militar no forma parte de la agenda de ninguno de los dos gobiernos. Subrayó que la postura de Washington —reiterada por Marco Rubio— confirma que intervención militar no es ni será una alternativa, y que la cooperación se basa en intercambio de información y capacitación conjunta. Esta aclaración tiene un propósito doble: calmar la alarma pública y reafirmar el control mexicano sobre sus decisiones de seguridad.
En su intervención, la Presidenta señaló que existen voces en el país que aún promueven la idea de una intervención militar, pero las calificó como posiciones que ponen en riesgo la cohesión nacional. Para el gobierno, la prioridad es fortalecer instituciones y coordinación internacional sin permitir que el discurso público derive en propuestas que vulneren la integridad territorial.

Seguridad, soberanía y cooperación sin subordinación
La conversación con Estados Unidos, explicó Sheinbaum, debe orientarse a cooperación técnica, inteligencia compartida y apoyo logístico, no a fuerzas extranjeras operando en territorio nacional. Reforzó que la intervención militar no solo está descartada por decisión política, sino que es inaceptable desde la perspectiva histórica y constitucional de México. La mandataria insistió en que la colaboración debe ser equitativa y respetuosa para preservar la autonomía en la toma de decisiones.
El anuncio llegó en un contexto donde ciertos sectores en Estados Unidos y en México enfatizan la gravedad del control que algunas organizaciones criminales ejercen en regiones específicas. Sheinbaum reconoció el problema, pero lo enfrentó con una ruta institucional: consolidación de capacidades, estrategias de prevención y cooperación bilateral delimitada por el respeto mutuo.
La relación con Estados Unidos, añadió, se basa en el entendimiento y no en la imposición. Por ello, como solución unilateral fue categóricamente descartada, mientras se profundizan mecanismos binacionales para combatir el crimen organizado desde la ley y la coordinación.
En el terreno diplomático, el reconocimiento de Rubio a que no habrá presencia militar si no hay petición expresa del gobierno mexicano sirvió para que Sheinbaum enfatizara la validez del diálogo. La mandataria utilizó ese pronunciamiento para consolidar la narrativa de que la soberanía mexicana está blindada frente a cualquier intento de intervención militar externa, y que las decisiones en seguridad corresponden exclusivamente a las autoridades nacionales.
La decisión de descartar intervención militar también tiene una lectura dirigida a la opinión pública: mitigar temores, evitar polarizaciones y concentrarse en soluciones estructurales. La Presidenta recalcó que fortalecer a las instituciones y la cooperación técnica es la ruta que permitirá avanzar sin sacrificar independencia.
A nivel práctico, el rechazo a la intervención militar implica redoblar esfuerzos en inteligencia, en la profesionalización de las fuerzas estatales y en mejorar el intercambio de datos entre agencias. Sheinbaum expuso que las próximas etapas de cooperación con Estados Unidos incluirán programas de formación, tecnología y fiscalización compartida, siempre sin ceder control operativo.
Dentro del país, la postura busca cerrar la puerta a quienes desde la política o la opinión pública quieren externalizar responsabilidades. El gobierno, insistió la mandataria, mantendrá la rectoría en materia de seguridad y no permitirá que discursos que defiendan la intervención militar configuren la agenda nacional.
El componente histórico también fue relevante en su discurso: México ha defendido por décadas el principio de no intervención y autodefinición. Por esa razón, la Presidenta apeló a la memoria colectiva para explicar por qué la intervención militar no es una alternativa viable ni deseada, y por qué la cooperación internacional debe respetar marcos legales y democráticos.
En términos de mensaje político, la reafirmación queda descartada pretende enviar certidumbre a inversionistas, a organismos internacionales y a la sociedad civil. Mantener estabilidad institucional y claridad en la política exterior es parte del objetivo de su administración para proteger la seguridad nacional sin erosiones de autoridad.
Al concluir su participación, Sheinbaum volvió a enfatizar que el entendimiento con Estados Unidos está sostenido y que la relación binacional permitirá enfrentar retos comunes sin sacrificar la autonomía. Reiteró que cualquier acción en territorio mexicano requerirá siempre la decisión soberana de México y que, por ello, la opción de intervención militar no se considera ni se contempla.
Con este posicionamiento, el Gobierno pretende desactivar un debate que periódicamente resurge en momentos de tensión y que puede derivar en presiones externas. La presidenta cerró su discurso llamando a construir confianza reciproca y a avanzar en políticas de seguridad que prioricen la ley, la cooperación técnica y la protección de la soberanía.
La clave, resumió Sheinbaum, es mantener una estrategia clara: cooperación internacional dirigida por México, fortalecimiento institucional y rechazo categórico. Ese mensaje busca no solo marcar la pauta diplomática inmediata, sino sentar las bases de una política de estado que perdure más allá de coyunturas y administraciones.