Humanismo mexicano: Sheinbaum responde a las mentiras y reafirma su visión

Humanismo mexicano: Sheinbaum responde a las mentiras y reafirma su visión
Humanismo mexicano: Sheinbaum responde a las mentiras y reafirma su visión

Desde el Zócalo capitalino, mientras ondeaban banderas y miles de asistentes escuchaban atentos, Claudia Sheinbaum Pardo trazó una línea clara entre el pasado y el presente. Con un discurso firme y cargado de memoria histórica, la presidenta afirmó que humanismo mexicano es la esencia que distingue al proyecto que hoy gobierna al país. Ese humanismo —dijo— no es discurso, sino práctica cotidiana: no arrodillarse ante los poderosos, no subordinarse al dinero, y defender siempre al pueblo como la única autoridad legítima.

En un ambiente marcado por la conmemoración de siete años desde el surgimiento de la Cuarta Transformación, Sheinbaum recordó que “quien no defienda sus raíces camina sin sombra”. Y desde esa raíz, explicó, se ha construido una visión que se opone frontalmente a lo que llamó “las realidades virtuales” creadas por sus adversarios en redes sociales y espacios mediáticos. Realidades hechas de mentiras, distorsiones y narrativas diseñadas —según dijo— para negar los avances del país.

Mentiras del conservadurismo y la memoria histórica

La presidenta planteó que los ataques no son nuevos, pero sí más agresivos. Recordó que en las últimas semanas los opositores han afirmado que México vive un retroceso democrático. Ante ello, Sheinbaum respondió con datos y memoria: el fraude de 1988, el desafuero de López Obrador, la compra masiva de votos en 2012, y el cambio completo de la Suprema Corte en 1994 para beneficiar a un presidente.

“Ellos nunca han creído en los derechos del pueblo de México”, dijo. Por eso —señaló— no sorprende que hoy intenten instalar percepciones que ignoran los mecanismos democráticos actuales, como la revocación de mandato, el plebiscito o las elecciones internas del Poder Judicial.

A la mitad de su mensaje, volvió a contextualizar que el humanismo mexicano ha sido fundamental para impulsar estos cambios. Bajo esa visión, afirmó, el pueblo ya no es espectador, sino protagonista de las decisiones de Estado.

Sobre la represión, la libertad y los jóvenes

Sheinbaum también respondió a otra de las acusaciones recurrentes: que su gobierno reprime. “Falso”, afirmó sin rodeos. “Nunca hemos reprimido al pueblo y si un servidor público se sobrepasa, es sancionado”. Recordó episodios de represión ocurridos en sexenios anteriores —Atenco, los maestros, los movimientos estudiantiles— para subrayar que quienes hoy acusan son los mismos que callaron entonces.

Tampoco aceptó la narrativa de que no existe libertad de expresión o de movilización. Dijo que, a diferencia del pasado, hoy no hay persecuciones políticas ni silencios obligados. Y añadió que el apoyo a los jóvenes, lejos de disminuir, ha crecido como parte de los programas de educación, cultura y trabajo.

Seguridad, justicia y soberanía: otros frentes de ataque

En materia de seguridad, Sheinbaum cuestionó la narrativa de que su gobierno tiene vínculos con grupos delictivos. Señaló que la “guerra” iniciada por administraciones anteriores no solo fue fallida, sino que colocó en posiciones clave a personajes como Genaro García Luna, hoy preso en Estados Unidos por vínculos criminales.

Aseguró que los homicidios dolosos han disminuido 34% desde 2018, una cifra que, dijo, contrasta con el incremento del 250% que se registró durante los sexenios de Calderón y Peña Nieto.

Aquí volvió a conectar con el núcleo de su visión: construir un país justo, con educación, salud, vivienda digna y el derecho básico a comer tres veces al día. Para ella, eso también es parte del humanismo mexicano: una política pública basada en la empatía, la dignidad y la igualdad.

Una visión que mira hacia adelante

Al final de su mensaje, Sheinbaum sintetizó su postura sin adornos: “Creemos en un México de libertades, de justicia; un México soberano, de democracia verdadera, donde el que manda siempre sea el pueblo de México”. Y remató explicando que su pensamiento político se sostiene en un mismo fundamento: el humanismo mexicano como reconocimiento de la riqueza cultural del país, de sus pueblos originarios y de una historia que no debe olvidarse.

El discurso de Sheinbaum no solo respondió a acusaciones; también delineó una visión de país anclada en memoria, justicia social y soberanía. En ese marco, humanismo mexicano funciona como la brújula ideológica que guía las decisiones del gobierno y como la narrativa que busca distinguir la transformación frente a campañas digitales, ataques mediáticos y distorsiones políticas. Lo que viene, sugiere la presidenta, es una lucha por consolidar un proyecto de nación donde el pueblo siga siendo el centro y el motor de todos los cambios.

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