Este año, el morenismo busca culminar su obra de transformación política con una ambiciosa reforma electoral que promete eliminar los pilares fundamentales de la democracia constitucional en México. Este proyecto, parte del llamado “Plan C” de López Obrador, pone en juego la representación plural y la independencia de las instituciones, en un giro hacia un modelo más centralizado y autoritario.
Los pilares de la democracia en México: ¿en peligro?
Durante tres décadas, el sistema democrático mexicano se ha sostenido sobre cuatro pilares esenciales:
- Representación plural: Un sistema electoral que refleja la diversidad política en ambas cámaras y en los congresos locales.
- Confianza en los procesos electorales: Instituciones y reglas que garantizan una competencia justa y evitan la intervención gubernamental en las elecciones.
- Independencia del Poder Judicial: Un sistema autónomo que garantiza los derechos humanos y limita el abuso de poder.
- Órganos constitucionales autónomos: Entes independientes que fortalecen los contrapesos en áreas clave como transparencia, derechos humanos y procesos electorales.
El actual gobierno, a través de una mayoría calificada obtenida con prácticas cuestionables en 2024, ha comenzado a erosionar cada uno de estos pilares.
Desmantelamiento del sistema representativo
La reforma electoral busca eliminar la representación proporcional en ambas cámaras del Congreso y en los congresos locales. Esto significa que solo los legisladores electos por mayoría relativa (300 diputados y 64 senadores) ocuparían los escaños, como en los tiempos del priísmo autoritario del siglo XX.
¿Qué implicaría esto para el pluralismo político?
Si se aplicara este modelo con los resultados de 2024:
- Morena y sus aliados ocuparían el 85.33% de las diputaciones.
- En el Senado, controlarían el 93.75% de los escaños, pese a haber obtenido solo el 55% de los votos.
Este diseño concentraría el poder en el partido mayoritario, aniquilando la representación de las minorías políticas y reduciendo significativamente el espacio para la oposición en el Congreso.
Un INE debilitado y elecciones controladas
Otro eje de la reforma es la desaparición del Instituto Nacional Electoral (INE) y de los Organismos Públicos Locales Electorales (OPLE). Estos serían sustituidos por una institución única encargada de todos los procesos electorales, cuyos consejeros serían electos por voto popular.
¿Qué riesgos conlleva esto?
- Pérdida de imparcialidad: Los consejeros podrían subordinarse a los intereses del partido mayoritario.
- Intervención gubernamental: Se abriría la puerta a la influencia directa del gobierno en las elecciones.
- Menos fiscalización: Reducción del financiamiento público y penas más leves para infracciones electorales.
El Poder Judicial y los órganos autónomos en la mira
La reforma judicial ya en curso ha transformado la designación de jueces, magistrados y ministros en un proceso electoral, eliminando la independencia que antes caracterizaba al Poder Judicial.
Además, se ha desmantelado una serie de órganos autónomos, como el INAI, regresando sus funciones al Ejecutivo. Esto concentra aún más poder en la presidencia, debilitando los contrapesos que garantizaban la transparencia y la rendición de cuentas.
¿Un regreso al autoritarismo?
Con estas reformas, el oficialismo no solo busca transformar las instituciones, sino también consolidar un modelo político donde el partido gobernante tenga control absoluto sobre las decisiones del país.
Eliminando los contrapesos y reduciendo la representación de las minorías, se abre la puerta a una regresión autoritaria, que recuerda las prácticas de los regímenes más cerrados de nuestra historia política.
La democracia en el filo de la navaja
La reforma electoral y los cambios institucionales en curso representan una encrucijada para México. Si bien el oficialismo argumenta que estas medidas son necesarias para «transformar» al país, los riesgos de concentración de poder y eliminación de contrapesos no pueden ser ignorados.
El futuro de la democracia mexicana dependerá de si la sociedad y las instituciones pueden frenar este impulso centralizador o si, por el contrario, se consolida un modelo político donde la diversidad y la crítica quedan relegadas al pasado.
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