El Zócalo capitalino vibró con la consigna de la presidenta Claudia Sheinbaum: “¡Qué vivan las mujeres indígenas de México!”. En el marco de su informe de 100 días, Sheinbaum anunció que 2025 será el «Año de la Mujer Indígena» y presentó a cuatro figuras históricas como emblemas de los pueblos originarios: T’zakbu Ajaw (maya), Tecuichpo (mexica), Xiuhtzatzin (tolteca) y la Señora 6 Mono (mixteca).
Sin embargo, tras el entusiasmo inicial, surgieron voces críticas que ponen en la mesa aspectos como la autenticidad de estas representaciones, el contexto histórico y la conexión con las luchas actuales de las mujeres indígenas.
Un reconocimiento necesario, pero con desafíos
La presidenta Sheinbaum destacó la importancia de dar visibilidad a las mujeres indígenas, especialmente a las históricas, pero este reconocimiento también abrió la puerta a preguntas importantes.
Una categoría histórica problemática
La lingüista y escritora mixe Yásnaya Aguilar fue contundente: “Ninguna de estas mujeres fue ‘indígena’ en su tiempo”. Señaló que la categoría “indígena” nació hace apenas dos siglos, como resultado del colonialismo. En sus palabras, esta conmemoración parece honrar a las figuras del pasado mientras se ignora la opresión y resistencia que enfrentan las mujeres indígenas actuales, como las defensoras del territorio en contra del Tren Maya.
El emblema oficial y sus imprecisiones
Otra de las críticas recae en el diseño gráfico presentado como símbolo del “Año de la Mujer Indígena”. Aunque el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) tiene décadas documentando la historia y el contexto de figuras como la Reina Roja, el diseño oficial no refleja ni el atuendo ni los tocados documentados en los registros arqueológicos y antropológicos.
“El personal del INAH ha realizado investigaciones rigurosas sobre la Reina Roja, pero su representación oficial parece ignorar estos avances”, señaló un investigador consultado.
¿Qué implica este reconocimiento para las mujeres indígenas actuales?
La iniciativa presidencial también plantea una reflexión más amplia: ¿cómo conectar este homenaje histórico con los desafíos actuales de las mujeres indígenas en México?
- Defensa del territorio: Mujeres indígenas, como las defensoras del agua y la tierra, enfrentan amenazas por megaproyectos.
- Representación política: Aunque figuras como María de Jesús Patricio han planteado modelos alternativos, su voz sigue siendo minoritaria en las políticas nacionales.
- Consulta previa: Las comunidades indígenas no parecen haber sido consultadas sobre este homenaje, un hecho que refuerza las críticas de que es una iniciativa estatal más que comunitaria.
El valor simbólico vs. las acciones concretas
El “2025, Año de la Mujer Indígena” tiene un gran valor simbólico. Sin embargo, para que este reconocimiento sea más que una consigna, debe venir acompañado de políticas públicas que:
- Garantícen derechos: Implementar medidas efectivas contra la violencia y la discriminación hacia las mujeres indígenas.
- Fortalezcan liderazgos: Promover la participación de mujeres indígenas en la toma de decisiones políticas y sociales.
- Respeten la autenticidad: Consultar a las comunidades indígenas para asegurarse de que las representaciones sean fieles y significativas.
Una oportunidad para honrar el pasado y construir el futuro
El “Año de la Mujer Indígena” podría ser un parteaguas en el reconocimiento y la reivindicación de los derechos de las mujeres indígenas en México. Sin embargo, para lograrlo, es fundamental que el gobierno pase del discurso a la acción, involucrando a las comunidades y abordando los retos actuales que enfrentan las mujeres indígenas.
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