La trágica muerte por suicidio de un joven médico residente en un hospital de Monterrey ha rasgado el velo de silencio sobre una crisis sistémica: la cultura de abuso laboral, acoso y jornadas inhumanas que impera en la formación de especialistas médicos en México, una realidad que está llevando al límite a quienes dedican su vida a salvar las nuestras.
El caso del médico, identificado como Abraham, no es un hecho aislado. Su muerte, que colegas y colectivos médicos atribuyen directamente al «acoso y maltrato laboral», ha detonado una ola de indignación y testimonios que confirman un secreto a voces. Mientras el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) declaró que «no había reporte de acoso» en el expediente del joven, la comunidad médica ha respondido con una sola voz: el sistema está diseñado para silenciar a las víctimas.
Colectivos de médicos residentes han calificado la situación como una «cultura de violencia y abandono institucional», donde el maltrato se disfraza de «formación de carácter» y las quejas se castigan con represalias académicas y profesionales.
Un Sistema que Enferma a sus Sanadores
La evidencia de que esto es un problema sistémico es abrumadora. Semanas antes de esta tragedia, en el Congreso de Nuevo León, la diputada Perla Villarreal ya había presentado un exhorto para verificar las condiciones laborales de los médicos residentes, denunciando que enfrentan jornadas de más de 36 horas continuas, sufren de depresión mayor y presentan alarmantes pérdidas de peso.
«Algunos médicos residentes han sido diagnosticados con depresión mayor… no faltan quienes, en medio de ese sufrimiento, han contemplado o intentado acabar con su vida», se leía en el exhorto del congreso local, una advertencia que resultó trágicamente profética.
La muerte de este joven médico no es la historia de un individuo que «no aguantó». Es la historia de un sistema que normaliza la explotación y el abuso hasta quebrar a las personas. La sociedad los llama «héroes de bata blanca», pero la realidad es que muchos de ellos son víctimas de un entorno laboral que atenta contra su salud física y mental.
Esta tragedia obliga a plantear preguntas incómodas y urgentes: ¿Quién cuida a quienes nos cuidan? ¿Es esta la forma en que México quiere formar a sus especialistas? El grito de auxilio ha sido lanzado de la forma más devastadora posible. Ignorarlo ya no es una opción.
