La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha renovado su emergencia sanitaria internacional debido al aumento de casos de viruela símica, también conocida como mpox, y la rápida expansión de una nueva variante, el clado Ib. A pesar de que la mayoría de los casos se han concentrado en África, este brote ha comenzado a preocupar a las autoridades sanitarias a nivel global. En este artículo, exploramos las últimas estadísticas, los detalles de esta variante y las acciones que la OMS recomienda para frenar su expansión.
El brote de viruela símica: Un desafío global
Desde su primera aparición, la viruela símica ha dejado una huella en la salud pública mundial. En 2022, Europa y América experimentaron un aumento significativo en los casos, lo que llevó a la OMS a declarar una emergencia sanitaria internacional. Aunque la situación parecía estabilizarse a medida que avanzaba 2023, la reciente aparición de la variante clado Ib ha causado un repunte alarmante de infecciones, especialmente en África.
¿Qué es la viruela símica y cómo se transmite?
La viruela símica es una enfermedad viral que afecta principalmente a primates y roedores, pero también puede infectar a los seres humanos. Sus síntomas incluyen fiebre, erupciones cutáneas y linfadenopatía (inflamación de los ganglios linfáticos). La transmisión ocurre a través del contacto directo con fluidos corporales, heridas abiertas o secreciones respiratorias de una persona infectada.
¿Por qué el clado Ib es una preocupación?
El clado Ib es una variante reciente que ha mostrado una capacidad notable para expandirse más rápidamente que la cepa original de la viruela símica que causó el brote de 2022. En África, esta variante ha sido responsable de un gran número de infecciones, especialmente en la República Democrática del Congo (RDC), Uganda y Burundi, donde las condiciones de conflicto y la falta de acceso a servicios médicos dificultan las intervenciones sanitarias.
Estadísticas actuales: El brote en números
- RDC: Más de 2,100 casos confirmados de la variante clado Ib en lo que va del 2025.
- Uganda: 1,500 casos reportados, con 11 muertes en lo que va del año.
- Burundi: Aproximadamente 500 casos confirmados.
- Ruanda y Kenia: Casos menores (20 en Ruanda, 9 en Kenia).
A pesar de que la letalidad ha disminuido en comparación con 2022, la OMS mantiene una estricta vigilancia para evitar un resurgimiento grave en otras regiones del mundo.
Medidas recomendadas por la OMS para frenar la expansión
La OMS ha instado a los países afectados a tomar medidas de emergencia, tales como:
- Establecer centros nacionales de emergencia para tratar los casos de viruela símica y prevenir nuevos brotes.
- Intensificar el seguimiento de contactos y realizar pruebas rápidas para detectar la enfermedad de manera temprana.
- Desarrollar planes de vacunación para proteger a las poblaciones más vulnerables.
- Fortalecer la cooperación internacional para asegurar recursos y apoyo a las regiones con brotes más severos, como las zonas en conflicto de la RDC.
Impacto en zonas de conflicto: El caso de la RDC
El conflicto armado en la RDC ha complicado la respuesta a la viruela símica. Las áreas de Kivu del Norte y Kivu del Sur, donde los brotes están más activos, son de difícil acceso debido a la violencia y la inestabilidad. Esto ha limitado la capacidad de los equipos sanitarios para llegar a las personas afectadas, lo que empeora aún más la situación.
La respuesta global: ¿Estamos preparados?
A pesar de las medidas adoptadas por la OMS y otros organismos internacionales, la propagación de la viruela símica subraya la necesidad de una preparación más robusta ante emergencias sanitarias globales. La situación actual es un recordatorio de que las enfermedades zoonóticas (aquellas que se transmiten de animales a humanos) siguen siendo una amenaza constante, especialmente en contextos de conflicto y en áreas con sistemas de salud débiles.
La importancia de la vigilancia constante
La viruela símica, con su nueva variante clado Ib, sigue siendo un desafío sanitario global. La rápida respuesta de la OMS y las medidas adoptadas por los países afectados son clave para evitar que el brote se convierta en una pandemia de mayor alcance. La clave del éxito está en la vigilancia constante, la cooperación internacional y el refuerzo de los sistemas de salud en las regiones más vulnerables.
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