El silencio como cómplice de la barbarie
El silencio, más que una ausencia de palabras, es un terreno fértil donde germina la injusticia. En un mundo donde las atrocidades se suceden a plena vista, guardar silencio es permitir que la violencia se convierta en norma, que la barbarie encuentre legitimidad en nuestra inacción.
La barbarie no solo destruye cuerpos, sino también ideas fundamentales: justicia, dignidad y humanidad. Ante la devastación en Palestina, instituciones como el Colegio de México (Colmex) y el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) han decidido cortar relaciones académicas con Israel, alzando la voz contra lo inaceptable.
¿Qué es un frente ético?
Un frente ético es más que un gesto simbólico; es una postura activa contra la deshumanización. Implica una empatía que trasciende las palabras, llevándonos a actuar para restaurar la dignidad negada.
La base de este frente ético es simple pero poderosa:
- La justicia no es negociable.
- La humanidad no admite excepciones.
Romper relaciones académicas con un estado señalado por crímenes de lesa humanidad no atenta contra la libertad de pensamiento, sino que reafirma un compromiso con la justicia.
Neutralidad: ¿reflexión crítica o complicidad?
En redes sociales, una lista de intelectuales publicó una carta criticando la decisión del Colmex y el CIDE. Argumentaron que un boicot académico «dicotomiza la realidad» y «atenta contra la libertad de pensar».
La falacia de la neutralidad
Estos argumentos son un espejismo que confunde pluralidad con pasividad. Pretender una equidistancia moral entre opresor y víctima, especialmente en un contexto de genocidio, deshumaniza a quienes sufren.
¿De qué sirve una libertad de pensamiento que elige no confrontar la opresión? Pensar críticamente no es situarse cómodamente en «los matices», sino comprometerse con la verdad y la justicia.
Boicot académico: coherencia ética frente al genocidio
Romper vínculos académicos con un estado que perpetra violencia sistemática es un acto de congruencia, no de censura. Pensar críticamente exige acción. Un boicot no silencia ideas, sino que señala que ciertas condiciones de injusticia son inaceptables.
El verdadero enemigo de la libertad de pensamiento no es el boicot, sino la indiferencia: esa que permite que la violencia se normalice bajo el disfraz de una neutralidad mal entendida.
Resistir con palabras y acciones
Cada momento de silencio frente a la injusticia es un paso hacia la complicidad. Resistir no comienza con grandes gestos, sino con pequeños actos:
- Nombrar la barbarie.
- Denunciar la indiferencia.
- Elegir un lado en la historia: el de las víctimas, no el de los opresores.
Construir un legado de justicia
El frente ético contra la barbarie no es un ideal abstracto; es una necesidad urgente en un mundo que se tambalea bajo la deshumanización. Instituciones como el Colmex y el CIDE han mostrado que es posible actuar desde la ética y la responsabilidad.La verdadera transformación llegará cuando nuestras palabras y acciones se alineen con un principio simple: la humanidad no admite excepciones.
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