En una decisión sin precedentes que enciende las alarmas globales, el Ministerio de Defensa de Israel ha prohibido a sus oficiales el uso de vehículos eléctricos del gigante chino BYD, al considerarlos sofisticadas herramientas de espionaje para Pekín.
La guerra tecnológica entre Occidente y China ha entrado en una nueva y alarmante fase, trasladándose desde los centros de datos y las redes 5G hasta el garaje de casa. En una medida que resuena en todo el mundo, el Ministerio de Defensa de Israel, una de las potencias mundiales en ciberseguridad, ha prohibido oficialmente a los oficiales de su ejército el uso de vehículos eléctricos de la marca china BYD, el mayor fabricante de vehículos eléctricos del mundo. La razón es escalofriante: la sospecha de que estos coches no son solo medios de transporte, sino plataformas móviles de espionaje que transmiten información sensible directamente a Pekín.
La decisión, impulsada por expertos en ciberseguridad y defensa del país, se basa en la premisa de que los coches modernos, y en particular los fabricados en China, deben ser tratados como «sofisticados sistemas de recopilación de información».
Sugerencia: Una infografía impactante que muestre un coche BYD con líneas de datos saliendo de sus sensores (cámaras, micrófonos, GPS) y apuntando hacia un servidor con la bandera de China.
La amenaza del «smartphone sobre ruedas»
El temor no es infundado. Según los expertos israelíes, estos vehículos están equipados con un arsenal de sensores que pueden capturar una cantidad masiva de datos. Esto incluye:
- Información Visual: A través de las múltiples cámaras utilizadas para la asistencia a la conducción y el aparcamiento.
- Información Auditiva: Mediante los micrófonos integrados para comandos de voz y llamadas manos libres.
- Geolocalización: Datos precisos sobre los movimientos y las rutas del vehículo y sus ocupantes.
- Datos Biométricos: Potencialmente, información sobre los ocupantes a través de sensores avanzados.
La preocupación es que toda esta información, que podría revelar rutinas, ubicaciones de bases militares y conversaciones privadas, sea transmitida a servidores en China.
«Nunca me he encontrado con tecnología china que no transmita. Cuando operas un dispositivo fabricado en China, primero busca en Internet canales de comunicación para transmitir información a servidores gubernamentales en China.» – Dr. Harel Menashri, cofundador de la división cibernética del Shin Bet.
Aunque las autoridades israelíes intentaron mitigar el riesgo desconectando el sistema de llamadas de emergencia (e-Call) en los vehículos ya adquiridos, los expertos como el Dr. Menashri consideran que la medida es insuficiente.
Un patrón global de desconfianza tecnológica
La prohibición de los coches BYD en Israel no es un hecho aislado, sino la última manifestación de una creciente desconfianza global hacia la tecnología china. Este incidente se suma a una larga lista de controversias:
- La Guerra del 5G: La batalla liderada por Estados Unidos para excluir a Huawei de la construcción de redes 5G en países aliados, bajo la misma premisa de riesgo de espionaje.
- El Caso TikTok: La presión del gobierno estadounidense para prohibir la popular aplicación de redes sociales, argumentando que recopila sistemáticamente datos de millones de usuarios occidentales.
- Vigilancia Doméstica: Advertencias de seguridad sobre cámaras de vigilancia de marcas chinas como Hikvision y Dahua, e incluso sobre aspiradoras robóticas que, al mapear los hogares para limpiar, podrían estar enviando planos detallados de las viviendas a servidores externos.
Un Golpe a la Estrategia «Made in China 2025»
Esta crisis de confianza representa un golpe directo a la ambiciosa estrategia «Made in China 2025», el plan de Pekín para transformar al país en una potencia manufacturera de alta tecnología y dominar los mercados globales. El éxito de este plan no solo depende de la capacidad de producir tecnología avanzada, sino de la capacidad de generar confianza en los consumidores y gobiernos de todo el mundo.
Incidentes como la prohibición israelí erosionan esa confianza, creando una barrera para la expansión de gigantes como BYD, que ha experimentado un crecimiento explosivo y se ha convertido en un líder de ventas en mercados como Israel. La desconfianza tecnológica podría resultar un obstáculo más formidable para las ambiciones de China que los propios aranceles comerciales.
Mientras Pekín niega sistemáticamente estas acusaciones, calificándolas de proteccionismo con motivaciones políticas, la Ley Antiterrorista china de 2016, que obliga a las empresas a proporcionar acceso y soporte técnico a los órganos de seguridad del Estado, sigue siendo la principal fuente de recelo para Occidente. Por su parte, BYD ha mantenido un silencio oficial sobre las acusaciones específicas, emitiendo solo declaraciones genéricas sobre sus estándares de integridad.
La pregunta que queda flotando es inquietante: si un país con la sofisticación en ciberdefensa de Israel toma una medida tan drástica, ¿qué nivel de riesgo corren los ciudadanos comunes en el resto del mundo?
