El Tribunal Constitucional de Tailandia ha suspendido de sus funciones a la Primera Ministra Paetongtarn Shinawatra, sumiendo al gobierno en el caos y reavivando los temores de una profunda inestabilidad política en una de las economías clave del Sudeste Asiático.
La frágil estabilidad política de Tailandia se ha visto sacudida hasta sus cimientos este miércoles, después de que el Tribunal Constitucional del país ordenara la suspensión inmediata de la Primera Ministra Paetongtarn Shinawatra. La decisión, que ha provocado un auténtico tumulto en el gobierno, se produce a raíz de una polémica llamada telefónica filtrada con el líder camboyano Hun Sen, un hecho que ha escalado las tensiones diplomáticas entre ambas naciones vecinas.
Tras la suspensión, se espera que el Viceprimer Ministro Phumtham Wechayachai asuma el cargo de primer ministro interino, en un intento por mantener la gobernabilidad mientras se resuelve la situación legal de Paetongtarn. Sin embargo, el impacto de la medida judicial va mucho más allá de un simple cambio de liderazgo.
El eco de un conflicto histórico
Para entender la magnitud de esta crisis, es crucial observarla no como un hecho aislado, sino como el capítulo más reciente de una prolongada y enconada lucha de poder que ha definido la política tailandesa durante décadas. La familia Shinawatra, un clan político de enorme influencia y popularidad, ha estado en el punto de mira de la élite tradicional del país —compuesta por el ejército, la judicatura y sectores monárquicos— desde hace más de veinte años.
El padre de Paetongtarn, Thaksin Shinawatra, y su tía, Yingluck Shinawatra, ambos ex primeros ministros, fueron derrocados del poder mediante golpes de estado o decisiones judiciales controvertidas. La suspensión actual es vista por muchos analistas no como una simple consecuencia de una «llamada filtrada», sino como una maniobra calculada del establishment para neutralizar a otra figura de una dinastía que consideran una amenaza a su control hegemónico.
«Desde Thaksin hasta Yingluck y ahora Paetongtarn, el control de la familia sobre el poder ha sido desafiado repetidamente por las fuerzas militares y monárquicas».
Implicaciones que cruzan fronteras
La crisis interna de Tailandia amenaza con tener serias repercusiones geopolíticas en toda la región del Sudeste Asiático. Tailandia es un miembro fundamental de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), un bloque que opera bajo el principio de consenso.
Una Tailandia sumida en la inestabilidad y centrada en sus conflictos internos queda incapacitada para participar de manera efectiva en la diplomacia regional. Esto podría paralizar la toma de decisiones en asuntos críticos como:
- La creciente tensión en el Mar de China Meridional.
- La crisis humanitaria y política en Myanmar.
- La competencia económica entre las grandes potencias en la región.
Este vacío de poder podría ser aprovechado por actores externos, como China, para aumentar su influencia tratando con los países miembros de la ASEAN de forma bilateral, en lugar de enfrentarse a un bloque unificado. La crisis, por tanto, no solo pone en jaque el futuro de Tailandia, sino que también amenaza con reconfigurar el delicado equilibrio de poder en una de las regiones más dinámicas del mundo.
