Sushila Karki promete acabar con la corrupción en Nepal tras protestas

Sushila Karki promete acabar con la corrupción en Nepal tras protestas
Sushila Karki promete acabar con la corrupción en Nepal tras protestas

En el corazón del Himalaya, Nepal atraviesa uno de los momentos más tensos desde la abolición de la monarquía en 2008. Calles incendiadas, jóvenes indignados y edificios gubernamentales bajo ataque reflejan la desconfianza de la ciudadanía hacia un sistema marcado por la corrupción.

En este escenario emergió Sushila Karki, una ex presidenta del Tribunal Supremo de 73 años, ahora primera ministra interina. Su designación no fue fruto de negociaciones en pasillos del poder, sino de una demanda popular que nació en las calles y en plataformas digitales como Discord, donde miles de jóvenes señalaron su nombre como símbolo de esperanza.

La Generación Z y la exigencia de un cambio real

Las protestas iniciaron con la polémica prohibición de redes sociales, pero pronto se transformaron en un grito más profundo: acabar con la corrupción y el desempleo juvenil. Según el Banco Mundial, uno de cada cinco jóvenes en Nepal entre 15 y 24 años está desempleado, con un PIB per cápita de apenas 1,447 dólares.

“Tenemos que trabajar de acuerdo con el pensamiento de la Generación Z”, afirmó Karki en su primer discurso, prometiendo elecciones en seis meses y comprometiéndose a no extender su mandato más allá de lo necesario.

Un liderazgo forjado en la independencia

Karki es conocida por su independencia durante su etapa en el poder judicial. Ese perfil fue clave para que el movimiento juvenil la respaldara como un puente entre la protesta social y la institucionalidad. “Mi nombre fue traído de las calles”, confesó, en un gesto que la conecta con la ciudadanía.

La magnitud de la crisis es evidente: al menos 72 muertos y casi 200 heridos en solo dos días de disturbios, además de 12,500 reos fugados durante el caos.

Retos inmediatos y respaldo internacional

La comunidad internacional observa con atención. India y China ya felicitaron a Karki, mientras el presidente Ram Chandra Paudel aseguró que se ha encontrado “una solución pacífica a través de un proceso difícil”.

Sin embargo, el reto no es solo político: se trata de reconstruir la confianza ciudadana en medio de un país golpeado por crisis económicas, desigualdad y una sociedad que exige transparencia real.

Una oportunidad histórica para Nepal

La promesa de Karki no es solo un discurso: representa la posibilidad de un cambio generacional en la política nepalí. Su desafío será transformar la indignación juvenil en un proceso democrático sólido y creíble, evitando repetir los errores del pasado.

La cuenta regresiva hacia las elecciones del 5 de marzo de 2026 será la verdadera prueba de fuego.

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