La posibilidad de que Rusia retome los ensayos nucleares ha reactivado la preocupación internacional sobre una nueva escalada armamentista. Durante una reunión del Consejo de Seguridad ruso, el ministro de Defensa, Andrei Belousov, propuso “iniciar de inmediato los preparativos” para reactivar estas pruebas, argumentando que Estados Unidos, bajo la administración del presidente Donald Trump, estaría considerando lo mismo.
Sin embargo, el presidente Vladimir Putin frenó una decisión inmediata y pidió antes un análisis exhaustivo, lo que revela tanto la gravedad del tema como el interés de Rusia por evitar un movimiento precipitado en el tablero geopolítico.
¿Por qué Rusia considera retomar los ensayos nucleares?
El argumento central del Ministerio de Defensa ruso se basa en lo que Moscú considera una ruptura estratégica de Estados Unidos con los acuerdos de control de armamento. Según Belousov, Washington no solo abandonó tratados históricos como el INF o el START, sino que además acelera la modernización de su arsenal con nuevos misiles, submarinos y sistemas hipersónicos.
Entre los desarrollos citados resaltan:
- Misil balístico Sentinel, con alcance de 13 mil kilómetros
- Submarino nuclear clase Columbia de próxima generación
- Sistema antimisiles “Cúpula Dorada”
- Cohete hipersónico Dark Eagle
- Maniobras como Global Thunder 2025, enfocadas en ataques nucleares preventivos
Ante este panorama, Belousov aseguró que Rusia debe prepararse para responder simétricamente:
“Hay que considerar la posibilidad de iniciar de inmediato los preparativos para llevar a cabo los ensayos nucleares”.
Putin detiene la decisión, pero no la descarta
Lejos de aprobar la propuesta en ese momento, Putin ordenó a los ministerios de Defensa y Relaciones Exteriores, así como al FSB, al SVR y otras agencias, reunir más información y presentar un plan consensuado. Para el mandatario, la discusión es “seria” y no puede tomarse “a la ligera”.
El presidente ruso también recordó que Moscú mantiene una moratoria nuclear, siempre y cuando Estados Unidos y otras potencias respeten la misma condición.
Esto implica que el posible retorno a los ensayos no es una señal de inminencia, sino una advertencia estratégica: Rusia prepara el terreno legal, técnico y militar para hacerlo si considera que Washington rompe el equilibrio.
Washington guarda silencio y aumenta la incertidumbre
El jefe del Servicio de Inteligencia Exterior, Serguéi Naryshkin, informó que la embajada rusa en Washington buscó aclaraciones sobre el supuesto plan de Trump, pero ni la Casa Blanca ni el Departamento de Estado quisieron confirmarlo.
La falta de respuesta alimenta la especulación:
- ¿Se trata de pruebas subterráneas o de test de vectores nucleares?
- ¿Estados Unidos busca recuperar ventaja tecnológica frente a China y Rusia?
- ¿Trump planea usar el tema como presión política en año electoral?
Según el jefe del Estado Mayor ruso, Valeri Guerásimov, la ambigüedad estadounidense “no da fundamento para creer que Estados Unidos no pueda empezar pronto los preparativos”, y advirtió que si Rusia no actúa ahora, podría perder capacidad de respuesta.
El posible escenario de pruebas: Nueva Zembla
Belousov reveló que, en caso de reanudar los ensayos, estos se realizarían en el archipiélago de Nueva Zembla, dentro del círculo polar ártico, un sitio histórico utilizado por la URSS. Las condiciones de la zona ―aislamiento, seguridad militar y presencia de infraestructura previa― permiten realizar pruebas en corto tiempo si se autoriza el operativo.
Esto confirma algo clave: Rusia ya tiene listo un lugar, logística y personal militar para comenzar los ensayos si se aprueba la orden política.
¿Qué está en juego?
El posible regreso a las pruebas nucleares implicaría:
- El fin de la moratoria nuclear no oficial sostenida desde los años 90
- Un deterioro irreversible de las relaciones entre Moscú y Washington
- Un aumento en el riesgo de proliferación, especialmente en Asia y Medio Oriente
- Un nuevo ciclo de carrera armamentista con tecnologías hipersónicas y submarinas
A diferencia de la Guerra Fría, donde la lógica era bipartidista, hoy existe un tercer actor que altera el equilibrio: China, que también desarrolla su arsenal atómico y podría verse empujada a participar en una carrera tripolar.
Por ahora, Rusia no ha dado luz verde a los ensayos, pero ha abierto la puerta oficialmente a esa posibilidad. El mensaje es claro: si Estados Unidos da el primer paso, Moscú no se quedará atrás.
La decisión final dependerá de la evaluación conjunta de los servicios de inteligencia, la diplomacia y el ejército ruso. Mientras tanto, el mundo observa con preocupación un escenario que recuerda más a 1980 que a 2026.
