El cardenal Parolin, diplomático clave del Vaticano, gana apoyo como posible sucesor del papa Francisco por su perfil moderado y experiencia global
Durante más de una década, Pietro Parolin ha sido una figura omnipresente en la maquinaria silenciosa del Vaticano. Mientras el papa Francisco se convertía en un símbolo global de reforma, inclusión y controversia, Parolin tejía los hilos diplomáticos que mantenían el equilibrio entre tradición y modernidad dentro de la Iglesia católica.
Ahora, con el final del pontificado de Francisco en el horizonte, todas las miradas se dirigen a este cardenal italiano de 70 años, exsecretario de Estado y estratega incansable. Su nombre no solo figura entre los favoritos para ocupar la silla de San Pedro, sino que muchos ya lo visualizan como el rostro del próximo papado.
Un diplomático al servicio de Dios y de la diplomacia vaticana
La historia de Parolin no es la de un pastor de pueblo ni la de un teólogo brillante, sino la de un hábil negociador. Nacido en Schiavon, Italia, se forjó como uno de los diplomáticos más importantes del Vaticano, capaz de sentarse a dialogar tanto con regímenes autoritarios como con potencias globales.
Fue nuncio en Venezuela, donde supo navegar entre tensiones sociales y políticas. Participó en el proceso que reanudó relaciones entre el Vaticano y México, y fue una pieza clave en el acercamiento entre Estados Unidos y Cuba, mediando en uno de los gestos diplomáticos más relevantes del siglo XXI.
Pero quizás su trabajo más complejo ha sido negociar con China y Vietnam, donde la presencia católica choca con gobiernos de control estatal fuerte sobre la religión. Allí, Parolin evitó confrontaciones y prefirió el diálogo lento, pero firme, buscando proteger los derechos de los fieles sin romper relaciones.
Parolin y la continuidad de Francisco con un rostro más reservado
Aunque su estilo contrasta con la franqueza y espontaneidad del papa Francisco, Parolin representa una continuidad institucional. Su perfil es moderado, su lenguaje diplomático y su actitud prudente. Mientras Francisco ha sido confrontativo en temas sociales y teológicos, Parolin evita las declaraciones polémicas, y en su lugar, construye consensos discretos.
Este equilibrio entre conservadurismo moderado y apertura institucional lo ha colocado en una posición privilegiada: los sectores más progresistas no lo ven como una amenaza, y los sectores más tradicionales no lo consideran radical.
¿Un papa sin experiencia pastoral? Fortalezas y críticas
Uno de los principales señalamientos en contra de Parolin es su falta de experiencia pastoral directa. Nunca ha estado al frente de una diócesis, no ha guiado una comunidad parroquial, ni ha sido figura pública de fe en contacto cotidiano con los fieles.
“Ha ocupado siempre un papel muy institucional”, señaló una fuente eclesiástica en Roma. “Es el más conocido entre los cardenales, pero su perfil genera dudas sobre si será capaz de conectar espiritualmente con la base católica”.
Aun así, Parolin ha dado señales de apertura en temas que suelen dividir a la Iglesia. En entrevistas recientes, dijo que el celibato sacerdotal no es un dogma, sino un “regalo de Dios” que puede revisarse. También ha afirmado que relacionar la homosexualidad con la violencia sexual en la Iglesia es científicamente insostenible e inaceptable.
El desafío de recomponer las fracturas internas
La Iglesia católica atraviesa una de las etapas más complejas de su historia moderna. El escándalo de abusos, la pérdida de fieles en Occidente, el crecimiento del catolicismo en África y Asia, y la polarización ideológica dentro de la propia curia romana, han creado una tormenta institucional y espiritual.
En este contexto, la figura de Parolin aparece como puente y no como ruptura. Su talento negociador podría ayudar a recomponer las fracturas internas, especialmente aquellas que surgieron por las reformas impulsadas por Francisco y que algunos sectores consideran excesivas.
Además, su buena relación con líderes políticos de diversos países lo convierte en un interlocutor ideal para una Iglesia que debe seguir influyendo en asuntos globales como la migración, el cambio climático, los derechos humanos y la paz.
¿Qué necesita un nuevo papa? El perfil que el mundo espera
Un nuevo papa deberá enfrentar una Iglesia fragmentada, un mundo multipolar y una sociedad cada vez más alejada de lo espiritual. No basta con carisma o teología; hace falta una capacidad real de liderazgo global y diplomático.
Parolin parece reunir esas condiciones: conoce el aparato vaticano, domina varios idiomas, tiene presencia internacional, evita escándalos, y es respetado por sus pares. Pero también deberá ganarse la confianza del pueblo católico, especialmente en América Latina y África, donde la Iglesia sigue creciendo y necesita ser escuchada.
El cónclave que se avecina: entre tradición y necesidad de renovación
Aunque aún no hay fecha para un nuevo cónclave, los movimientos dentro del Vaticano indican que la sucesión papal está en el horizonte. Las tensiones internas, los rumores sobre la salud del papa Francisco y los movimientos diplomáticos en la Santa Sede anticipan una transición que podría marcar el rumbo de la Iglesia por décadas.
Si el Colegio Cardenalicio opta por alguien como Pietro Parolin, el mensaje será claro: el Vaticano quiere estabilidad, diplomacia y continuidad sin confrontación.
Parolin, entre la discreción y el destino
Pietro Parolin ha recorrido silenciosamente los pasillos más poderosos del Vaticano. Ha negociado en nombre de la fe, ha evitado incendios políticos y ha mantenido la imagen institucional de una Iglesia en transformación. No es un revolucionario, pero tampoco un conservador extremo.
Si el Espíritu Santo —como dicta la tradición— inspira a los cardenales a elegir a Parolin como el próximo papa, el mundo conocerá a un líder sereno, diplomático y profundamente institucional, capaz de guiar a la Iglesia en una época que exige equilibrio, diálogo y sabiduría.
