Lo que debía ser una fiesta del fútbol se convirtió en una noche de pesadilla. Las celebraciones en París por la victoria del PSG en la Champions League derivaron en disturbios masivos, dejando un trágico balance de al menos dos muertos, cientos de heridos y más de 500 detenidos.
La noche del sábado, París no celebró; ardió. La histórica victoria del Paris Saint-Germain (PSG) en la final de la Liga de Campeones desató una ola de violencia urbana que empañó por completo el éxito deportivo y sumió a la capital francesa en el caos. Enfrentamientos con la policía, saqueos, incendios y actos de vandalismo generalizado transformaron las principales arterias de la ciudad, como los Campos Elíseos, en un campo de batalla.
Las autoridades francesas, que habían anticipado posibles altercados con un despliegue masivo de 5,400 agentes, se vieron desbordadas por la magnitud de la violencia, que se saldó con un balance desolador.
El Trágico Balance: Muertos, Heridos y Cientos de Detenidos
Las cifras oficiales, proporcionadas por el Ministerio del Interior francés, pintan un cuadro desolador de la noche de violencia. La «celebración» dejó una estela de destrucción y tragedia humana cuantificada en datos que hablan por sí solos.
| Categoría | Cifra | Fuente |
|—|—|—|
| Fallecidos | 2 | Policía Nacional / Agencias |
| Detenidos | 559 | Ministerio del Interior |
| Heridos (Total) | 192 | Ministerio del Interior |
| Agentes Heridos | 22 policías, 7 bomberos | Ministerio del Interior |
| Vehículos Incendiados | 264 | Ministerio del Interior |
Las dos víctimas mortales ilustran la naturaleza caótica de los disturbios. Un joven de 17 años fue apuñalado mortalmente en la ciudad de Dax, en el suroeste del país, durante una de las fiestas callejeras. En París, otra persona falleció en un accidente de tráfico mientras participaba en las celebraciones. Entre los heridos se encuentra un agente de policía que permanece en coma tras recibir el impacto de un proyectil.
«Bárbaros que vinieron a delinquir»: La Furia del Gobierno
La respuesta del Gobierno francés ha sido de una contundencia absoluta. El Ministro del Interior, Bruno Retailleau, no dudó en calificar a los alborotadores de «bárbaros» y prometió una respuesta «implacable».
> «No toleraremos ningún abuso esta noche: las fuerzas de seguridad interior han recibido instrucciones de intervenir sistemáticamente e inmediatamente si observan cualquier violencia.» > – Bruno Retailleau, Ministro del Interior de Francia.
Retailleau condenó con firmeza los disturbios, distinguiendo entre los «verdaderos aficionados» y los «delincuentes» que aprovecharon la ocasión para saquear y destruir. Además de la respuesta policial, el ministro apuntó a causas más profundas, señalando la responsabilidad de las familias y un «modelo cultural fallido» como culpables de la violencia. La ultraderecha de Marine Le Pen aprovechó para criticar el dispositivo policial como «insuficiente», mientras que la izquierda radical acusó a la policía de abuso de la fuerza, politizando la tragedia.
El Ruego Ignorado de las Estrellas del PSG
La violencia contrasta tristemente con los llamamientos a la calma que habían hecho los propios protagonistas del éxito deportivo. Tras el pitido final, la estrella del PSG, Ousmane Dembélé, hizo una petición que resultó profética y que fue completamente ignorada. En declaraciones a la cadena CBS, dijo: «Va a ser increíble en París. Pero, por favor, ¡no rompamos nada! Nada de violencia. Estemos tranquilos, ¡solo estamos celebrando!».
Una Celebración Anunciada como un Desafío de Seguridad
Las autoridades eran conscientes del riesgo. La cita no era solo un desafío deportivo, sino también un enorme reto en términos de seguridad pública. La previsión de que las celebraciones pudieran desbordarse era alta, pero la realidad superó los peores pronósticos.
Los disturbios han reabierto el debate en Francia sobre la seguridad en grandes eventos, la violencia urbana y las tensiones sociales subyacentes que explotan en momentos de congregación masiva. La fiesta que nunca fue se ha convertido en una cicatriz para París y en una seria advertencia para el futuro.
