Decenas de miles desafían la prohibición del gobierno de Orbán en la Marcha del Orgullo de Budapest, un evento que refleja la creciente guerra cultural sobre los derechos LGTBIQ+ en EE.UU. y Europa.
En un acto de desafío masivo, decenas de miles de personas han tomado las calles de Budapest para la Marcha del Orgullo, desafiando una prohibición explícita del gobierno nacionalista de Viktor Orbán. El evento se ha transformado en un frente de batalla en la guerra cultural global, con ecos que resuenan fuertemente en los debates sobre derechos LGTBIQ+ en Estados Unidos.
Budapest se ha convertido este sábado en el epicentro de una lucha por los derechos y las libertades. Decenas de miles de personas, ondeando banderas arcoíris, marcharon por la capital húngara en la 30ª edición del Budapest Pride, un evento que este año se ha cargado de una tensión sin precedentes. La marcha se realizó en abierto desafío a una prohibición gubernamental, convirtiéndose en un poderoso símbolo de resistencia contra las políticas conservadoras que ganan terreno en Europa y Estados Unidos.
El gobierno del primer ministro Viktor Orbán, amparándose en una controvertida ley de «protección infantil», prohibió la celebración del desfile. Orbán advirtió a los participantes que enfrentarían «consecuencias legales», incluyendo multas de hasta 500 euros y la posible identificación mediante tecnología de reconocimiento facial instalada a lo largo de la ruta.
«La libertad y el amor no se pueden prohibir»
A pesar de las amenazas, la respuesta fue masiva. «La libertad y el amor no se pueden prohibir», rezaba una pancarta gigante cerca del ayuntamiento de la ciudad. La marcha no solo atrajo a ciudadanos húngaros, sino que se convirtió en un acto de solidaridad internacional. Ministros de varios países de la Unión Europea y docenas de eurodiputados se unieron a la manifestación, y 33 países emitieron declaraciones de apoyo.
«No se trata solo de representar a las personas homosexuales, sino de defender los derechos del pueblo húngaro», declaró Akos Horvath, un estudiante de 18 años que viajó dos horas para asistir, encapsulando el sentir de muchos participantes.
La Unión Europea ha sido una voz crítica contra la legislación húngara. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, instó a las autoridades húngaras a revertir la prohibición, calificándola como una violación de los valores fundamentales de la UE.
Un espejo de los debates en Estados Unidos
La batalla en Budapest no es un hecho aislado. Es un capítulo clave en una guerra cultural transnacional. El propio gobierno de Orbán ha declarado sentirse «envalentonado por el impulso anti-diversidad del presidente de Estados Unidos, Donald Trump».
Esta conexión es fundamental. La retórica y las tácticas utilizadas en Hungría son un reflejo de los debates que se viven en varios estados de EE.UU.:
- Leyes de «Protección Infantil»: La justificación de Orbán es similar a la utilizada en estados como Florida y Texas para aprobar leyes que restringen la discusión sobre orientación sexual e identidad de género en las escuelas.
- Prohibición de Libros: La idea de que ciertos temas son inapropiados para los menores ha impulsado movimientos para prohibir libros con temática LGTBIQ+ en bibliotecas escolares estadounidenses.
- Polarización Política: Al igual que Orbán, algunos políticos en EE.UU. utilizan los derechos LGTBIQ+ como una herramienta para movilizar a su base conservadora y polarizar a la sociedad, especialmente en años electorales.
Lo que está en juego en Budapest, por tanto, va más allá de las fronteras húngaras. Es una lucha sobre qué tipo de sociedad se quiere construir. La resistencia vista en sus calles es un mensaje para el mundo: la defensa de los derechos LGTBIQ+ se ha convertido en una línea de frente global en la defensa de los valores democráticos y liberales.
