El silencio tras meses de bombardeos se rompió con el eco de pasos. Decenas de miles de palestinos comenzaron a regresar a pie hacia Gaza, la ciudad que alguna vez fue hogar y hoy es un paisaje de polvo, ruinas y escombros.
El alto al fuego, mediado bajo el plan de paz impulsado por Donald Trump, marcó un respiro en una de las ofensivas más destructivas de Israel sobre el enclave palestino.
El retorno al hogar perdido
Según datos de la defensa civil, alrededor de 200 mil palestinos desplazados emprendieron el viaje hacia el norte, con la esperanza de reencontrarse con lo poco que quede de sus casas.
Ismail Zayda, de 40 años, relató entre lágrimas:
“Gracias a Dios mi casa sigue en pie, pero las de mis vecinos ya no existen. Distritos enteros desaparecieron.”
Las imágenes de familias caminando entre montañas de concreto y polvo se han convertido en el símbolo de la tragedia y la resistencia palestina.
Gaza, una ciudad en ruinas
Los equipos de rescate aún trabajan contrarreloj. Al menos 55 cuerpos fueron recuperados de los escombros en las últimas horas, mientras las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) se replegaban hacia las zonas acordadas dentro del plan de paz.
Aunque la retirada fue presentada como un gesto de apertura, los israelíes advirtieron que “algunas áreas siguen siendo extremadamente peligrosas”, lo que retrasa la llegada de la ayuda humanitaria.
En el sur, Jan Yunis, la segunda ciudad más grande del enclave, quedó prácticamente arrasada. Las calles son intransitables, y los pocos hospitales que permanecen en pie enfrentan un colapso sanitario.
El precio humano del conflicto
La tragedia alcanza dimensiones inimaginables. Según The Guardian, las organizaciones humanitarias han comenzado a usar un acrónimo doloroso: WCNSF (“niño herido, sin familia superviviente”), una categoría que refleja la magnitud del desastre.
Gaza tiene la tasa más alta de amputaciones infantiles del mundo moderno, una consecuencia directa del asedio israelí y la falta de atención médica.
La UNICEF confirmó que logró evacuar a dos recién nacidos de un hospital del norte hacia zonas más seguras, aunque 16 bebés en incubadoras siguen esperando rescate.
“El asedio ha impedido los traslados humanitarios durante días”, lamentó Ricardo Pires, portavoz de la organización.
Netanyahu promete mantener la presión sobre Hamas
Mientras tanto, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, advirtió que las FDI permanecerán en la franja “para asegurar que Hamas se desarme” y que Gaza “nunca vuelva a ser una amenaza”.
Sin embargo, en Cisjordania, las tensiones persisten. Nuevas incursiones israelíes en Nablús dejaron siete palestinos heridos, y un fotógrafo de la agencia AFP resultó lesionado mientras cubría la cosecha de aceitunas.
Una paz frágil y una esperanza persistente
El acuerdo de alto al fuego contempla el intercambio de rehenes y prisioneros, así como la liberación de 250 palestinos detenidos, aunque ninguno de los líderes emblemáticos de la resistencia figura en la lista.
Para muchos, este pacto simboliza una tregua frágil más que una paz duradera.
Aun así, entre los escombros, las familias palestinas comienzan a reconstruir lo que la guerra les arrebató. Como dijo un anciano mientras observaba lo que quedó de su calle:
“Gaza está destruida, pero su espíritu sigue vivo.”
