La entrevista de Emmanuel Macron en CBS News no fue un gesto aislado, sino parte de un tablero diplomático que cambia con rapidez. El presidente francés advirtió que Francia no abrirá embajada en Palestina hasta que Hamás libere a los rehenes israelíes retenidos en Gaza.
Con tono firme, subrayó que se trata de una condición indispensable. En un momento en el que Reino Unido, Canadá y Australia ya anunciaron su reconocimiento al Estado palestino, Macron buscó marcar diferencia y mostrar pragmatismo frente a un conflicto enquistado.
El contexto: reconocimiento del Estado palestino
El anuncio coincidió con un movimiento coordinado de países aliados. Reino Unido, bajo el liderazgo de Keir Starmer, defendió que reconocer a Palestina es un paso para “revivir la esperanza de paz”. Canadá y Australia también se sumaron, mientras que Portugal y más de una decena de naciones planean formalizar su postura en la Asamblea General de la ONU en Nueva York.
El presidente palestino Mahmud Abbas celebró el giro diplomático como un avance “necesario para una paz justa y duradera”. Por su parte, Anthony Albanese, primer ministro australiano, recordó las aspiraciones legítimas del pueblo palestino a tener su propio Estado.
Rechazo tajante de Israel
La respuesta de Israel fue inmediata. El primer ministro Benjamin Netanyahu condenó estos reconocimientos y aseguró que significan “recompensar al terrorismo”, en alusión al ataque de Hamás en 2023 que detonó la actual ofensiva militar en Gaza.
Netanyahu reiteró que no permitirá la creación de un Estado palestino al oeste del río Jordán, cerrando la puerta a cualquier propuesta de solución de dos Estados mientras el conflicto siga abierto.
Macron y la línea roja de Gaza
En su mensaje, Macron también rechazó cualquier plan que contemple el desplazamiento forzado de palestinos desde Gaza, calificando esa idea de “locura”. El mandatario francés defendió que ni Estados Unidos ni Francia pueden mostrarse complacientes con propuestas de ese tipo, pues pondrían en riesgo la legitimidad internacional.
Así, Macron intenta posicionar a Francia como mediador firme pero equilibrado, capaz de exigir condiciones a ambas partes. Por un lado, presiona a Hamás para liberar rehenes; por el otro, advierte a Israel sobre los límites de su ofensiva militar.
Lo que viene: la cumbre de la ONU
El próximo escenario será la cumbre copresidida por Francia y Arabia Saudita en el marco de la Asamblea General de la ONU. Allí, más de una decena de países anunciarán oficialmente su apoyo al Estado palestino y debatirán la viabilidad de la solución de dos Estados, propuesta históricamente bloqueada por Israel.
El encuentro se perfila como un momento clave para medir hasta dónde llega la presión internacional y si Macron logra mantener la narrativa de equilibrio entre seguridad israelí y derechos palestinos.
El dilema de Macron
En París, las luces de la Torre Eiffel iluminaban la noche mientras en Gaza los bombardeos seguían resonando. Entre ambos escenarios, Macron intentaba equilibrar diplomacia y humanidad. Para Francia, abrir una embajada en Palestina sería un gesto histórico, pero hacerlo mientras Hamás mantiene rehenes sería políticamente insostenible.
El dilema refleja la esencia del conflicto: cada avance hacia la paz parece encadenado a una nueva condición imposible de cumplir.
