En una jugada diplomática inesperada, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ofreció a Donald Trump actuar como mediador entre Estados Unidos y el régimen venezolano de Nicolás Maduro. La propuesta surgió durante una reunión bilateral celebrada en Malasia, en medio de una creciente tensión militar en el Caribe.
Mientras Washington endurece su discurso contra el narcotráfico y despliega buques de guerra en la región, Lula apuesta por la vía del diálogo regional para evitar una posible intervención militar estadounidense en Venezuela, que —según su equipo— podría desestabilizar Sudamérica.
“Brasil defiende la paz en América Latina”
De acuerdo con el canciller brasileño, Mauro Vieira, Lula le recordó a Trump que América Latina es “una región de paz” y se mostró dispuesto a servir como interlocutor directo con Caracas.
“Lula se ha ofrecido a ser un contacto, a ser un interlocutor, como ya lo ha sido anteriormente con Venezuela”, explicó Vieira tras la reunión.
El encuentro entre ambos líderes, que se prolongó por casi 50 minutos, tenía como objetivo principal abordar los aranceles comerciales impuestos por Washington. Sin embargo, Lula aprovechó la ocasión para advertir a Trump sobre los riesgos regionales de una escalada militar.
Trump minimiza el tema, pero refuerza su ofensiva
Antes de la cumbre, Trump afirmó que Venezuela no figuraba en la agenda oficial de conversaciones. No obstante, su administración mantiene un discurso cada vez más beligerante. Stephen Miller, asesor de Seguridad Nacional, declaró recientemente que los narcotraficantes son considerados “terroristas” y que Estados Unidos “los va a eliminar”.
El mandatario republicano incluso anunció una nueva fase terrestre en la campaña antidrogas, instruyendo al secretario del Departamento de Guerra, Peter Hegseth, a informar al Congreso sobre la expansión de operaciones militares. Trump ironizó sobre las posibles objeciones legislativas, preguntando si el Congreso “prefiere dejar fluir las drogas”.
El Caribe, nuevo escenario de poder
El Pentágono confirmó el despliegue del portaaviones Gerald Ford —el más grande del mundo— en el mar Caribe, junto con aviones F-35B, drones MQ-9 y buques anfibios.
Según el portavoz Sean Parnell, la misión busca “desmantelar organizaciones criminales transnacionales y contrarrestar el narcoterrorismo”.
Analistas internacionales consideran que la presencia militar estadounidense en el Caribe es una señal de presión hacia Caracas, mientras Brasil intenta posicionarse como un actor diplomático equilibrado.
La apuesta diplomática de Lula
Lula criticó la creciente militarización del Caribe y defendió una cooperación regional basada en la diplomacia y el respeto a la soberanía nacional.
Según el mandatario, “la tendencia a intervenir en otros territorios puede crear un precedente peligroso para América Latina”.
Su propuesta no solo busca evitar una crisis inmediata, sino también reafirmar el liderazgo de Brasil como mediador regional en tiempos de tensión.
“El diálogo es la única vía posible para preservar la estabilidad hemisférica”, habría expresado el presidente brasileño en Malasia.
Un equilibrio difícil entre Washington y Caracas
La propuesta de mediación llega en un momento crítico, con operaciones navales intensificadas y crecientes sospechas sobre los movimientos militares en el Caribe. Mientras Trump endurece su estrategia de seguridad, Lula apuesta por reconstruir los canales diplomáticos y frenar una posible confrontación directa entre Estados Unidos y Venezuela.
El reto ahora será si Washington acepta la mediación brasileña o continúa reforzando su presencia militar, en un contexto donde América Latina se debate entre la diplomacia y la defensa de su autonomía regional.
