Lula lleva a Brasil a la CIJ contra Israel por genocidio en Gaza

Lula lleva a Brasil a la CIJ contra Israel por genocidio en Gaza
Lula lleva a Brasil a la CIJ contra Israel por genocidio en Gaza

En una decisión de alto voltaje diplomático, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva ha formalizado su intención de unirse a la demanda presentada por Sudáfrica contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) por genocidio en la Franja de Gaza. Este movimiento es una declaración de principios que busca posicionar a Brasil como un líder moral del Sur Global.

La cancillería brasileña justificó la decisión argumentando que «el uso descarado del hambre como arma de guerra» y los continuos ataques a infraestructura civil, hospitales e instalaciones de la ONU en Gaza constituyen «graves violaciones de derechos humanos» y del derecho internacional humanitario. Además, la diplomacia brasileña criticó duramente «la anexión de territorios por la fuerza y la expansión de asentamientos ilegales».

Un Frente Diplomático en Crecimiento

Esta acción no surge en el vacío. Se produce en un contexto de creciente tensión entre Brasilia y Tel Aviv. Previamente, el presidente Lula había calificado la respuesta militar israelí en Gaza como un «genocidio» y la había comparado con el Holocausto, lo que provocó que Israel lo declarara «persona non grata» y desató una profunda crisis diplomática bilateral.

Con este paso, Brasil se une a un frente cada vez más amplio de naciones que apoyan la demanda sudafricana, entre las que se encuentran Bolivia, Colombia, Libia, España y México, aumentando la presión sobre Israel en el máximo tribunal de las Naciones Unidas.

«Para Naciones Unidas el genocidio es un crimen cometido ‘con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso'».
—Definición de la ONU.

Análisis: Más Allá de Gaza, una Apuesta Geopolítica

La decisión de Brasil debe interpretarse como un calculado movimiento de «soft power» geopolítico. El presidente Lula está utilizando la plataforma de la CIJ y la causa palestina como un vehículo para alcanzar un objetivo mayor: consolidar a Brasil como la voz principal de un bloque alternativo de naciones, el llamado Sur Global, y distanciarse de la postura de las potencias occidentales, especialmente de Estados Unidos.

El conflicto en Gaza ha evidenciado una clara fractura en la comunidad internacional. Mientras las potencias occidentales han apoyado mayoritariamente el derecho de Israel a la defensa, muchos países del Sur Global ven la situación como un ejemplo del doble rasero en la aplicación del derecho internacional.

Al adoptar una postura tan contundente y alinearse con Sudáfrica —otro peso pesado del Sur Global—, Lula no solo está hablando sobre Palestina; está enviando un mensaje sobre el orden mundial que aspira a construir: uno más multipolar y menos dependiente de la hegemonía diplomática de Occidente.

Esta es una inversión a largo plazo en capital político y moral. El objetivo es otorgar a Brasil una mayor influencia en foros clave como los BRICS y el G20, y posicionarlo como un mediador relevante en futuras crisis internacionales. El costo inmediato es un mayor deterioro de las relaciones con Israel y, potencialmente, tensiones con Estados Unidos. Sin embargo, el beneficio percibido por el gobierno brasileño es un liderazgo reforzado en un mundo cada vez más fragmentado y competitivo.

Aunque no ha habido una reacción oficial inmediata de Israel a este último paso de Brasil, es previsible una fuerte condena, en línea con la respuesta anterior. La decisión de Brasil, sin duda, presiona a otras naciones a definirse en un conflicto que polariza al planeta.

En conclusión, la adhesión de Brasil a la demanda en la CIJ es mucho más que una declaración sobre Gaza. Es una apuesta estratégica de Lula para remodelar el tablero geopolítico, con la que Brasil aspira a convertirse en una pieza central.

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