La transición energética y las tensiones geopolíticas están redefiniendo la seguridad energética. El enfoque se desplaza del control de combustibles fósiles a garantizar un suministro eléctrico estable, asequible y cada vez más basado en fuentes limpias. Esto implica invertir en redes inteligentes, almacenamiento de energía, diversificación de fuentes (renovables, nuclear) y cooperación internacional para gestionar la intermitencia y asegurar el acceso universal a la electricidad.
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