En un movimiento de alto impacto económico y político, el presidente Javier Milei anunció una reducción «permanente» de las retenciones a las exportaciones del campo, una medida diseñada para destrabar la liquidación de dólares pero que implica un significativo costo fiscal para el Estado.
El presidente de Argentina, Javier Milei, ha lanzado una de sus jugadas económicas más audaces hasta la fecha. Durante un discurso cargado de simbolismo en la Exposición Rural, el mandatario confirmó una baja «permanente» de los derechos de exportación, conocidos como retenciones, a productos clave del sector agropecuario, el principal motor de la economía y generador de divisas del país.
La medida representa un cambio sísmico en la política fiscal argentina, históricamente marcada por la alta presión impositiva sobre el campo. El anuncio fue recibido con aplausos por los productores, quienes ven en la decisión un paso hacia la eliminación total de un impuesto que consideran distorsivo.
El detalle de la medida: ¿Cómo quedan los impuestos?
La reducción de las retenciones no es uniforme y afecta de manera distinta a los principales cultivos y productos de exportación. La nueva estructura impositiva, que el gobierno ha prometido no revertir, busca incentivar la producción y la inversión a largo plazo. A continuación, se detalla el nuevo esquema:
- Soja (Grano):
- Alícuota Anterior: 33%
- Nueva Alícuota (Permanente): 26%
- Subproductos de Soja:
- Alícuota Anterior: 31%
- Nueva Alícuota (Permanente): 24.5%
- Maíz y Sorgo:
- Alícuota Anterior: 12%
- Nueva Alícuota (Permanente): 9.5%
- Trigo y Cebada:
- Alícuota Anterior: 9.5% (temporal)
- Nueva Alícuota (Permanente): 9.5%
- Girasol:
- Alícuota Anterior: 7.5%
- Nueva Alícuota (Permanente): 5%
- Carne Bovina y Aviar:
- Alícuota Anterior: 6.75%
- Nueva Alícuota (Permanente): 5%
“Permanente”: El arma psicológica para desbloquear dólares
La palabra clave del anuncio de Milei es «permanente». En un país acostumbrado a la volatilidad política y a cambios de reglas constantes, los productores agropecuarios han desarrollado una estrategia de supervivencia: acopiar su cosecha a la espera de una devaluación del peso o una baja de impuestos. Se estima que actualmente retienen cerca del 40% de la última cosecha de granos.
Al declarar la rebaja como definitiva, el gobierno envía un mensaje contundente: «Esta es la mejor oferta que van a tener. Vendan ahora». Es una herramienta de presión psicológica diseñada para romper el ciclo de especulación y forzar la liquidación de miles de millones de dólares en granos, divisas que el Banco Central necesita con desesperación para fortalecer sus reservas y estabilizar la macroeconomía.
La apuesta fiscal y el contexto global
Esta política no está exenta de riesgos. La medida representa un costo fiscal para el Estado estimado entre 530 y 700 millones de dólares en recaudación directa. Para un gobierno enfocado en la austeridad y el déficit cero, esta renuncia a ingresos parece contradictoria.
Sin embargo, la apuesta del presidente economista es que los efectos secundarios superarán el costo inicial. El cálculo es que una mayor liquidación de exportaciones, el ingreso de dólares, la estabilización del tipo de cambio y el aumento de la inversión para la próxima siembra generarán un círculo virtuoso de actividad económica que, a la larga, aumentará la recaudación por otras vías.
«Eliminar las retenciones es una obsesión para nuestra gestión… Esta baja permanente de retenciones es una prueba de ello, y seguiremos adelante.» – Javier Milei, Presidente de Argentina.
Además, la decisión se enmarca en un contexto geopolítico competitivo. Recientemente, Estados Unidos firmó un acuerdo con países del sudeste asiático para la comercialización de subproductos de soja, uno de los principales mercados para la harina de soja argentina. La baja de retenciones, por lo tanto, no solo es una medida de política interna, sino también un movimiento estratégico para hacer que los productos argentinos sean más competitivos en un escenario global cada vez más disputado.
