Irán al borde del colapso hídrico: Teherán podría quedarse sin agua en semanas

Irán al borde del colapso hídrico: Teherán podría quedarse sin agua en semanas
Sequía, mala gestión y calor extremo agravan una crisis sin precedentes en el país

Escasez extrema golpea a millones de iraníes

Irán enfrenta una crisis hídrica sin precedentes que amenaza con dejar a su capital, Teherán, sin agua potable en cuestión de semanas. Afectado por la peor sequía en medio siglo, temperaturas extremas que han superado los 65 grados Celsius y años de mala gestión de los recursos, el país se encuentra al borde del colapso. Las consecuencias ya son visibles: embalses vacíos, grifos secos y una población desesperada por conseguir agua para sus necesidades básicas.

En distintas ciudades iraníes, la presión del agua ha disminuido al punto de que no alcanza a subir más allá del segundo piso en muchos edificios. Algunos habitantes reportan interrupciones de hasta 48 horas consecutivas en el suministro. En medio del calor extremo, miles de ciudadanos se apresuran a comprar tanques y botellas, intentando almacenar el poco líquido que aún pueden conseguir. La situación ha encendido todas las alarmas, especialmente en Teherán, hogar de más de 10 millones de personas, donde las reservas están al 14 % de su capacidad.

Medidas desesperadas ante una emergencia inminente

Frente a esta emergencia, el gobierno iraní ha comenzado a cerrar oficinas y servicios públicos en Teherán y otras 20 ciudades para reducir el consumo energético e hídrico. Esta semana, la vocera gubernamental, Fatemeh Mohajerani, recomendó a los ciudadanos «tomarse vacaciones», mientras se evalúa repetir los cierres una o dos veces por semana. Aunque la intención es contener el consumo, estas decisiones son vistas por muchos como insuficientes y tardías.

El presidente Masoud Pezeshkian ha reconocido la gravedad del problema: “La crisis del agua es más grave de lo que se habla hoy… si no tomamos decisiones urgentes, nos enfrentaremos a una situación sin solución”. Sin embargo, muchos ciudadanos y especialistas creen que los llamados a reducir el consumo no son suficientes sin una transformación estructural de las políticas hídricas y energéticas del país.

Una crisis estructural y acumulada

La actual emergencia hídrica es solo la punta del iceberg de una serie de crisis interconectadas. Desde diciembre, el país también sufre apagones eléctricos programados, que afectan a hogares, escuelas, universidades, oficinas y fábricas. A pesar de contar con una de las mayores reservas de gas y petróleo del mundo, Irán enfrenta una severa escasez energética, consecuencia tanto de la sobrecarga de la red como de fallas en la infraestructura y mala administración.

La reciente guerra de 12 días con Israel y Estados Unidos ha agravado el panorama. La infraestructura ya debilitada recibió nuevos golpes, y la sensación de vulnerabilidad y abandono ha crecido entre la población. En entrevistas y redes sociales, muchos iraníes expresan una profunda desconfianza en la capacidad del gobierno para gestionar la crisis y ofrecer soluciones reales.

El costo de décadas de mala gestión

Expertos ambientales coinciden en que el colapso actual es el resultado de décadas de políticas fallidas. El mal manejo del agua ha incluido la construcción indiscriminada de represas, la sobreexplotación de acuíferos, el desvío de recursos hídricos hacia industrias intensivas como la siderurgia y la expansión urbana sin planificación adecuada. A todo esto se suma el cambio climático, que ha provocado cinco años consecutivos de sequía.

El Ministerio de Energía ha confirmado que las precipitaciones anuales han caído de 28 a menos de 15 centímetros en los últimos cinco años. Las consecuencias de esta reducción son devastadoras: embalses casi vacíos, pérdida de cosechas, migración interna por falta de agua y un país cada vez más dependiente de medidas de emergencia que apenas alivian el problema.

Una población en estado de alarma

Mientras tanto, los ciudadanos intentan adaptarse como pueden. En barrios acomodados como Elahiyeh, se ha vuelto común ver camiones cisterna abasteciendo edificios. Sin embargo, la calidad del agua no siempre está garantizada: se han reportado casos en los que el líquido distribuido era agua de mar contaminada, no apta para consumo humano. En otros sectores, el agua almacenada en tanques se agota en apenas unas horas, lo que vuelve imposible realizar tareas cotidianas como cocinar, limpiar o simplemente hidratarse.

Mi madre ha llenado la mitad de la cocina con botellas de agua… pero creo que es un error. En una crisis real, unos pocos recipientes no nos salvarán”, comenta Nafiseh, una maestra de 36 años que, como muchos otros, teme represalias si se identifica públicamente.

Reformas o colapso

Frente al deterioro generalizado, voces expertas dentro del país piden reformas estructurales urgentes. Hamidreza Khodabakhshi, presidente del sindicato de ingenieros hidráulicos de Juzestán, considera que “abordar solo un aspecto de la crisis es inútil; tanto la gobernanza de la electricidad como la del agua deben reformarse”. Además, critica que los llamados a la conservación recaigan solo en los ciudadanos, mientras las autoridades no corrigen los errores del pasado.

La situación en Irán es un ejemplo extremo de lo que ocurre cuando la crisis climática, la ineficiencia gubernamental y los conflictos geopolíticos convergen. Si no se implementan soluciones integrales y sostenidas, lo que hoy ocurre en Teherán podría repetirse en otras grandes urbes del mundo que enfrentan estrés hídrico creciente.

La emergencia hídrica en Irán no es solo un problema ambiental: es el reflejo de un sistema que lleva años fallando en sus responsabilidades básicas. La sequía, las olas de calor y la escasez energética no son fenómenos aislados, sino los síntomas de una crisis multidimensional que requiere una respuesta inmediata y estructural. De no hacerlo, la capital iraní —y con ella millones de vidas— quedarán a merced de un colapso anunciado.

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Ian Israel Cabrera Navarro es un talentoso creador de contenido digital y profesional de la comunicación. Con 24 años y más de cuatro de experiencia, se especializa en locución, redacción de guiones para materiales audiovisuales y edición de video de alto nivel. Su enfoque claro, preciso y su compromiso con la calidad se reflejan en cada proyecto, posicionándolo como un creador que entiende y satisface las necesidades de su audiencia. Con un excelente dominio del inglés, habilidades sociales destacadas, facilidad para la oratoria y destreza en herramientas digitales, Ian es un activo invaluable para La Verdad Noticias, siempre en constante evolución y con la ambición de seguir creciendo en el ámbito de los medios digitales.
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