En una respuesta coordinada y desafiante, India y China han rechazado públicamente el ultimátum de la OTAN y la amenaza de sanciones por sus lazos comerciales con Rusia. Nueva Delhi acusó a Occidente de «doble rasero», mientras que Pekín calificó la presión como un acto de «coerción» destinado al fracaso, marcando una nueva línea de fractura en la geopolítica global.
La amenaza de Estados Unidos y la OTAN de imponer sanciones secundarias masivas a las naciones que comercian con Rusia ha provocado una reacción inmediata y contundente de dos de las mayores potencias mundiales. Tanto India como China han emitido declaraciones oficiales en las que no solo rechazan la presión, sino que también cuestionan la legitimidad y la moralidad de la postura occidental, sentando las bases para una confrontación diplomática de alto nivel.
La Postura de India: «No Estamos Preocupados» y la Acusación de Hipocresía
La respuesta de la India fue rápida y de dos niveles, combinando pragmatismo económico con una fuerte reprimenda moral. El Ministro de Petróleo, Hardeep Singh Puri, adoptó un tono desafiante y seguro, declarando a la prensa: «No estoy preocupado en absoluto. Si algo sucede, lo resolveremos». Puri subrayó que la India ha diversificado sus fuentes de suministro de petróleo de 27 a 40 países, lo que le confiere una «resiliencia de navegación» frente a posibles interrupciones.
Por su parte, el Ministerio de Asuntos Exteriores fue más diplomático pero igualmente firme. El portavoz Randhir Jaiswal afirmó que la seguridad energética de la India es una «prioridad absoluta» y lanzó una advertencia directa a Occidente: «Advertiríamos particularmente contra cualquier doble rasero en la materia».
Esta acusación de «doble rasero» es una referencia directa y apenas velada al hecho de que muchos países europeos continuaron importando energía rusa durante largos períodos después del inicio del conflicto, mientras ahora presionan a la India por hacer lo mismo. Con esta postura, la India no solo rechaza la amenaza, sino que también se posiciona como una potencia global independiente que no acepta dictados de la OTAN y que está dispuesta a exponer lo que considera la hipocresía occidental.
La Reprimenda de China: «Las Guerras Arancelarias No Tienen Ganadores»
La respuesta de China se centró en enmarcar la amenaza de la OTAN como un acto ilegítimo de coerción económica que viola las normas internacionales. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Lin Jian, declaró que «el diálogo y las negociaciones son la única salida viable» y que «China se opone a las sanciones unilaterales y a la jurisdicción de brazo largo».
«Las guerras arancelarias no tienen ganadores y la coerción y la presión no llevarán a ninguna parte», sentenció Lin Jian, en una clara alusión a la estrategia estadounidense.
Pekín también aprovechó para criticar el creciente enfoque de la OTAN en la región de Asia-Pacífico, acusando a la alianza de mantener una «mentalidad de Guerra Fría» y de «avivar la confrontación». Al utilizar un lenguaje que apela al derecho internacional y a la soberanía, China busca ganar el apoyo de otras naciones del Sur Global que recelan del poder de Estados Unidos y la OTAN.
La Realidad Económica Detrás del Desafío
La desafiante retórica política de Nueva Delhi y Pekín está respaldada por profundas realidades económicas. Rusia se ha consolidado como el principal proveedor de petróleo de la India, representando aproximadamente el 35% de sus importaciones totales, a precios con importantes descuentos. Esta relación ha sido mutuamente beneficiosa, proporcionando a la India energía asequible y a Rusia una fuente vital de ingresos.
La rápida y contundente negativa de ambas naciones sugiere que, en su cálculo estratégico, los beneficios económicos de su relación con Rusia superan con creces los riesgos potenciales de las sanciones occidentales. Esto pone de manifiesto los límites de la influencia económica de Occidente frente a economías grandes y diversificadas que han forjado alianzas alternativas.
El resultado es un orden mundial cada vez más fracturado. La respuesta de India y China no es solo una defensa de sus intereses nacionales, sino un desafío directo a la capacidad de Occidente para dictar las reglas del comercio y la diplomacia global. La pelota está ahora de nuevo en el tejado de Washington y Bruselas, que deben decidir si llevan a cabo su amenaza y arriesgan una guerra comercial a gran escala con dos de las economías más grandes del mundo.
