En 1973 nació en el desierto del Sáhara un movimiento que buscaba independencia: el Frente Polisario. Lo que comenzó como una lucha nacionalista contra España y después contra Marruecos, hoy se ha convertido en un actor internacional que, bajo el paraguas de Irán, busca proyectarse más allá de África.
En pleno 2025, el grupo se abre camino en América Latina. Y el caso más llamativo es Brasil, donde la organización ya tiene representantes activos, eventos públicos y vínculos con partidos políticos y sindicatos.
Del desierto a Latinoamérica: una expansión silenciosa
El Frente Polisario, formalmente conocido como Frente Popular de Liberación de Saguía el Hamra y Río de Oro, mantiene desde hace décadas un doble frente: la diplomacia y la lucha armada. Aunque históricamente apoyado por Argelia y la Libia de Gadafi, ahora suma a Irán como aliado estratégico.
Según el analista Emanuele Ottolenghi, este apoyo abre puertas en América Latina, especialmente en países como Venezuela, Colombia y Brasil, donde el grupo obtiene legitimidad política, acceso a foros internacionales y hasta posibles apoyos logísticos y financieros.
Brasil, epicentro de la diplomacia Polisario
En mayo de 2024, la Asociación de Solidaridad y Autodeterminación del Pueblo Saharaui celebró en Brasilia el 51 aniversario del Polisario. Allí, sus representantes pidieron formalmente abrir una embajada en territorio brasileño.
Un año después, Ahmed Mulay Ali, considerado embajador del Polisario en Brasil, protagoniza eventos con la Central Única de Trabajadores (CUT) y con diputados del Partido de los Trabajadores. Además, organiza caravanas hacia los campamentos saharauis en Argelia, presentadas como viajes de resistencia y solidaridad.
Esta visibilidad preocupa a diplomáticos y expertos, pues sitúa a Brasil en el tablero del conflicto entre Marruecos y el Polisario, pero también en la órbita de Irán y Hezbollah, actores con fuertes intereses en la región.
La narrativa de la resistencia
La historia del Polisario en Brasil también se construye desde el storytelling. En redes sociales circulan mensajes que comparan la lucha del Sáhara Occidental con la causa palestina. Incluso activistas internacionales, como Greta Thunberg, han mostrado su apoyo en actos en Argelia.
En este relato, Brasil se presenta como tierra fértil para la solidaridad, pero también como puente para nuevas alianzas que podrían tener repercusiones en la seguridad regional.
Tensiones con Marruecos y dilemas diplomáticos
Mientras el Polisario gana espacio en Brasil, Marruecos refuerza su relación con el gigante sudamericano. En 2024, el comercio bilateral alcanzó 2.700 millones de dólares, con los fertilizantes marroquíes como principal producto de exportación.
El embajador marroquí en Brasil, Nabil Adghoghi, ha insistido en que el plan de autonomía presentado en 2007 sigue siendo la vía más realista para resolver el conflicto del Sáhara Occidental, destacando que 28 senadores brasileños ya respaldan esta iniciativa.
La diplomacia brasileña enfrenta así un dilema: mantener sus lazos con Marruecos, fortalecer el vínculo con Argelia y atender las presiones internas de grupos pro-Polisario.
Una amenaza subestimada
Ottolenghi advierte que las conexiones entre el Polisario, Irán y Hamas recuerdan a las alianzas internacionalistas de los años 70. Su expansión en América Latina podría convertirse en un problema mayor si no se atienden los riesgos de seguridad y financiamiento.
Lo que para algunos es una causa legítima de autodeterminación, para otros es la apertura de un nuevo frente de inestabilidad en el continente.
