En un mundo de cambios vertiginosos, donde la tecnología caduca tan rápido como se innova, la nostalgia se ha convertido en un producto de consumo masivo. Desde series que evocan épocas doradas hasta modas retro que nos prometen revivir “mejores tiempos,” esta emoción ha encontrado un lugar incluso en la política.
Donald Trump lo entendió en 2016, y su campaña de 2024 lo reafirma: Make America Great Again (MAGA) no es solo un eslogan, sino una ideología que promete devolver un pasado idealizado a quienes creen que la modernidad les ha robado algo. Este mensaje ha conectado con un segmento de la población estadounidense que se siente traicionada por el presente.
¿Qué significa realmente “Hacer América grande otra vez”?
La promesa de Trump no se refiere a volver a una vida más simple o tranquila, sino a un pasado donde:
- Los migrantes eran mano de obra explotada.
- Estados Unidos imponía su voluntad política y económica sobre el mundo sin oposición.
- Las minorías raciales, sexuales y culturales no tenían derechos ni voz.
- Las regulaciones ambientales y comerciales no existían.
Esta nostalgia es un arma cargada de exclusión, racismo y supremacismo. No es una invitación a recuperar lo mejor del pasado, sino a reinstaurar una distopía que beneficia solo a unos pocos.
Elon Musk: el futuro al servicio de un pasado sin restricciones
Mientras Trump mira al pasado, Elon Musk proyecta un futuro moldeado por su visión personal de poder y control.
- Planeta sin reglas: Musk busca un entorno sin regulaciones ambientales ni restricciones comerciales.
- La plataforma X: Un espacio donde la propaganda, las mentiras y los bots amplifiquen su discurso.
- Marte y la Tierra: Mientras imagina colonizar Marte, su influencia terrestre apunta a un mundo donde todo gire a su favor.
Ambos personajes comparten una visión de un mundo donde las reglas morales y éticas son obstáculos que deben ser eliminados.
La narrativa de Trump: un “nuevo orden” disfrazado de edad dorada
Durante su toma de posesión, Trump declaró: “La edad de oro de Estados Unidos empieza ahora mismo”. Este discurso no promete prosperidad para todos, sino un retorno a un sistema plutocrático, excluyente y sin restricciones para quienes ostentan el poder.
El peligro de idealizar el pasado
Esta nostalgia distorsionada pone en peligro el futuro. Si se permite que las visiones de líderes como Trump y Musk se materialicen:
- La democracia se verá debilitada por la falta de igualdad y justicia.
- Los derechos humanos retrocederán, afectando especialmente a las minorías.
- La sostenibilidad del planeta quedará relegada ante intereses económicos inmediatos.
Reflexión final: el pasado no siempre fue mejor
La nostalgia es poderosa, pero también peligrosa cuando se convierte en un instrumento político para justificar retrocesos sociales y éticos. En lugar de idealizar un pasado distópico, es hora de construir un presente que valore la inclusión, los derechos y la sostenibilidad.
El mundo no necesita regresar a un “supuesto tiempo mejor”. Necesita avanzar con un compromiso firme hacia un futuro equitativo y responsable.
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