Crisis energética en Cuba es la frase que hoy resume la vida cotidiana de miles de personas en La Habana y otras ciudades del país. Ante el riesgo de un agravamiento del desabasto eléctrico y la falta de combustible, los habitantes recurren a soluciones improvisadas: carbón vegetal, motos eléctricas y paneles solares se han convertido en herramientas de supervivencia frente a apagones que pueden durar hasta 12 horas diarias.

A la orilla de carreteras periféricas, vendedores ofrecen sacos de carbón y braseros artesanales fabricados con viejos tambores de lavadora. Para muchos, cocinar con leña o carbón ya no es una opción secundaria, sino una necesidad urgente.
Crisis energética: Carbón vegetal y cocinas artesanales como respuesta inmediata
En zonas del sureste de La Habana, el comercio informal de carbón vive un auge sin precedentes. Comerciantes aseguran que nunca habían vendido tanto. Antes, los principales clientes eran restaurantes o pizzerías; ahora son familias enteras que compran varios sacos para prepararse ante los cortes de electricidad.
El precio de una bolsa de carbón puede alcanzar los 2 mil 600 pesos cubanos, cerca del 50% del salario medio mensual. Aun así, muchos lo consideran la alternativa más accesible para cocinar.
Madres y padres de familia explican que sus ingresos no alcanzan para adquirir plantas eléctricas o baterías de litio, por lo que el carbón se ha vuelto la opción más viable. Algunos incluso transportan los sacos en motos eléctricas, otro recurso cada vez más común.
Motos eléctricas y paneles solares, la nueva movilidad doméstica
Las motos eléctricas se han convertido en un medio de transporte clave para enfrentar la escasez de combustible. Silenciosas y relativamente económicas, permiten desplazarse sin depender de gasolina, aunque también requieren recargas que no siempre son posibles durante apagones prolongados.
Quienes cuentan con mayores recursos han optado por instalar paneles solares. Desde 2024, las empresas dedicadas a estos sistemas se han multiplicado, impulsadas por la flexibilización de importaciones promovida por el gobierno cubano.
Instaladores privados reportan una demanda exponencial. Las jornadas laborales se extienden hasta la madrugada y los pedidos no dejan de llegar. Para muchos cubanos, la energía solar representa la única posibilidad de mantener refrigeradores, luces o equipos médicos funcionando.
Economía debilitada y apagones cada vez más frecuentes
La situación energética está profundamente ligada al deterioro económico del país. En los últimos años, Cuba ha enfrentado una combinación de inflación, escasez de alimentos y falta de combustible. En 2025, la economía se contrajo cerca de 5%, según estimaciones del Centro de Estudios de la Economía Cubana.
A esto se suma el endurecimiento del bloqueo estadounidense, vigente desde hace más de seis décadas, lo que limita el acceso a petróleo y otras fuentes de energía. La incertidumbre creció aún más tras los recientes acontecimientos políticos en Venezuela, país que durante años fue el principal proveedor de crudo para la isla.
Hoy, Cuba apenas logra cubrir cerca de la mitad de sus necesidades eléctricas, lo que se traduce en apagones prolongados y una presión constante sobre la población.
El recuerdo del “período especial” vuelve a la memoria colectiva
Muchos cubanos evocan el “período especial” de los años noventa, cuando la caída de la Unión Soviética provocó una crisis profunda. Aquella experiencia marcó a generaciones enteras, y ahora el temor de revivirla se siente en conversaciones cotidianas y decisiones domésticas.
La diferencia es que hoy existen nuevas tecnologías, como la energía solar, pero su acceso sigue siendo limitado por el alto costo. En barrios como Guanabacoa, organizaciones religiosas y comunitarias han tenido que recurrir a donaciones internacionales para instalar paneles que permitan preparar alimentos para decenas de personas mayores.
Adaptarse para sobrevivir en medio de la incertidumbre
Frente a un panorama complejo, los habitantes de la isla hacen lo posible por adaptarse. El carbón permite cocinar, las motos eléctricas facilitan la movilidad y los paneles solares ofrecen un respiro energético, aunque solo para quienes pueden costearlos.
La crisis energética en Cuba no solo es un problema técnico: es un desafío social que afecta la alimentación, la salud y la estabilidad de millones de personas. Mientras no se restablezca un suministro eléctrico confiable, las soluciones improvisadas seguirán siendo parte del paisaje urbano.
La resiliencia del pueblo cubano vuelve a ponerse a prueba, esta vez entre sacos de carbón, techos cubiertos de paneles solares y calles recorridas por motos silenciosas.