Con 133 cardenales reunidos en la Capilla Sixtina, el Vaticano se prepara para elegir al sucesor de Francisco en un proceso lleno de tradición y misterio
Desde el fallecimiento del Papa Francisco el pasado 21 de abril, la Iglesia católica ha entrado en uno de sus momentos más solemnes, sagrados y observados por el mundo: la elección del nuevo Papa. El cónclave, esa antigua y estricta tradición que ha guiado la sucesión papal por siglos, comenzará oficialmente el 7 de mayo a las 16:30 horas del Vaticano, dentro de los muros de la Capilla Sixtina.
Son 133 cardenales electores los que cargarán con la histórica responsabilidad de elegir al próximo líder espiritual de más de 1,200 millones de católicos alrededor del mundo. En un proceso que mezcla misticismo, geopolítica y oración, la humanidad aguarda en silencio el humo blanco.
Un ritual milenario que se mantiene vigente
Horas antes del inicio del cónclave, a las 10:00 de la mañana hora de Roma, se celebrará la misa “pro eligendo Papa” en la Basílica de San Pedro. Presidida por Giovanni Battista, decano del Colegio Cardenalicio, esta misa está abierta a todos los fieles y representa el inicio espiritual del proceso, encomendando al Espíritu Santo la guía de los electores.
Posteriormente, los cardenales se retirarán en total aislamiento a la Capilla Sixtina. Allí tomarán un juramento de secreto absoluto, comprometiéndose a no revelar nada sobre las deliberaciones, votos ni nombres discutidos.
La Capilla Sixtina: escenario de lo divino y lo terrenal
Pocas imágenes son tan icónicas como los frescos de Miguel Ángel en la bóveda de la Capilla Sixtina, pero en estos días, sus muros serán también testigos de profundas discusiones teológicas, tensiones políticas y decisiones estratégicas.
Cada cardenal deposita su voto en una urna tras la frase ritual “Eligo in Summum Pontificem” (“Elijo como Sumo Pontífice…”). Luego se queman las papeletas: humo negro significa que no hubo elección, humo blanco anuncia que ya hay nuevo Papa.
¿Qué espera el mundo del nuevo Pontífice?
En un momento en que la Iglesia enfrenta retos como el secularismo, los escándalos de abusos, el diálogo interreligioso y la migración global, la figura del próximo Papa será determinante.
¿Será un latinoamericano que continúe el legado de Francisco? ¿Un africano que represente el crecimiento católico en el sur global? ¿O un europeo con perfil tradicional? Estas preguntas surgen tanto dentro como fuera del cónclave, y aunque los cardenales no hacen campaña abierta, sus visiones del mundo sí influyen en las votaciones.
¿Cuánto tiempo puede durar el cónclave?
El cónclave no tiene un plazo fijo, pero los cardenales votan hasta cuatro veces al día. En el pasado, algunas elecciones duraron pocas horas; otras, semanas enteras. Todo depende del consenso entre los cardenales y de la convergencia espiritual que encuentren en uno de los candidatos.
El mundo entero permanece atento a la chimenea de la Capilla Sixtina, esperando la fumata blanca que anunciará: Habemus Papam.
Significado del juramento de secreto
Antes de que los cardenales se encierren, se lleva a cabo un juramento solemne. Allí, cada uno de los electores promete guardar confidencialidad total, sin compartir deliberaciones con medios, redes sociales ni con otros fuera del cónclave.
Este acto no solo protege la integridad del proceso, sino que refuerza el carácter sagrado y sobrenatural que la Iglesia otorga a la elección papal.
El impacto global del nuevo Papa
La elección del Papa no es solo un evento religioso, también tiene consecuencias diplomáticas, sociales y culturales. El Papa es jefe de Estado del Vaticano, pero además una voz de referencia mundial en temas como la paz, el medio ambiente, los derechos humanos y el desarrollo.
La decisión que se tome en Roma resonará en América Latina, África, Asia, Europa y Oceanía, porque el liderazgo espiritual del Papa sigue marcando agendas y movimientos sociales a nivel global.
Una vigilia espiritual compartida por millones
Mientras los cardenales se preparan para votar, millones de fieles católicos rezan, esperan y observan. La Plaza de San Pedro se convierte en el centro del mundo, y los corazones creyentes laten al ritmo de cada humo que sale de la Capilla Sixtina.
El cónclave del 2025 no solo elegirá a un nuevo Papa, sino que marcará el rumbo espiritual de una era post-Francisco. En un mundo fragmentado, el nuevo líder de la Iglesia católica tendrá la tarea monumental de unir, guiar y renovar la fe.
