Colombia rompe compras de armas a EE.UU. tras disputa antidrogas

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Colombia rompe compras de armas a EE.UU. tras disputa antidrogas
Petro suspende la compra de armamento a Estados Unidos tras perder certificación antidrogas, desatando un choque diplomático que redefine la alianza militar histórica.

Colombia rompe compras de armas a EE.UU. tras disputa antidrogas

La relación histórica entre Colombia y Estados Unidos vive uno de sus momentos más tensos. El presidente Gustavo Petro anunció el fin de la dependencia militar de Washington después de que el gobierno de Donald Trump retirara a Bogotá la certificación como aliado en la lucha antidrogas. La decisión sacudió las bases de la cooperación bilateral, poniendo fin a décadas de suministro militar directo desde el país norteamericano.

Una reacción inmediata desde Bogotá

El anuncio se conoció a través del ministro del Interior, Armando Benedetti, quien declaró que “a partir de este momento no se le comprarán armas a Estados Unidos”. El mensaje fue contundente: Colombia buscará independencia en materia de defensa, incluso si eso significa romper con el principal socio militar de su historia reciente. Petro, visiblemente molesto, afirmó que el ejército colombiano “no puede depender de limosnas ni regalos de ningún país” y que la soberanía requiere inversión con recursos propios.

Washington retira la certificación antidrogas

El lunes, la Casa Blanca comunicó que los esfuerzos colombianos contra el narcotráfico eran “insuficientes” y que, por ello, el país quedaba fuera de la lista de socios reconocidos en la lucha antidrogas. Aunque no aplicó sanciones directas, el gesto marcó un quiebre en una cooperación que desde 1986 ha movilizado miles de millones de dólares en asistencia militar, social y de erradicación de cultivos ilícitos.

El peso de la ayuda estadounidense en Colombia

Entre 2000 y 2018, Estados Unidos entregó más de 10.000 millones de dólares a Colombia, principalmente a través del Plan Colombia. Actualmente, la cooperación asciende a unos 380 millones de dólares anuales. Además, solo en 2023, el armamento adquirido por Bogotá desde Washington representó 1.2 millones de dólares. Romper ese vínculo no es un detalle menor: significa redibujar la política de defensa y buscar nuevas alianzas estratégicas en un escenario internacional complejo.

“No somos cipayos”: el discurso de soberanía de Petro

Durante un consejo de ministros, Petro elevó el tono y acusó a Washington de querer “un presidente títere” en Colombia. En su cuenta de X escribió: “No voy a arrodillar a la nación ni permitir que se golpee campesinos. No somos cipayos”. Su mensaje conecta con una narrativa de soberanía nacional y resistencia frente a la presión extranjera, reforzando su visión de que el verdadero problema del narcotráfico no está en los productores, sino en el consumo masivo de cocaína y fentanilo en Estados Unidos.

Críticas cruzadas y defensa del desempeño antidrogas

El gobierno colombiano rechaza el argumento de “esfuerzos insuficientes”. Según el Ministerio de Defensa, solo en 2025 se han incautado 700 toneladas de cocaína y se destruyeron más de 4.500 laboratorios clandestinos, cifras récord en la historia del país. Petro insiste en que Colombia cumple su parte, mientras cuestiona la falta de reducción en la demanda estadounidense de drogas.

Nuevos aliados en la mira

Benedetti adelantó que Colombia ya explora alternativas, recordando la reciente compra de aviones de combate a Suecia. La decisión refleja un viraje estratégico: diversificar proveedores y reducir la dependencia de Washington. No es la primera vez que Petro toma una medida de este tipo; en 2024 ya había suspendido compras militares a Israel como protesta por la ofensiva en Gaza.

Un golpe a la alianza militar histórica

El retiro de la certificación y la decisión de Bogotá de cortar compras de armas ponen en entredicho una relación construida a lo largo de más de tres décadas. Para muchos analistas, este quiebre marca el inicio de una redefinición de la política de defensa colombiana y un desafío a la hegemonía estadounidense en la región. Lo que está en juego no es solo la lucha antidrogas, sino la orientación estratégica de la seguridad en Sudamérica.

Un conflicto que trasciende lo militar

Más allá de los contratos de armas y los fondos de cooperación, la disputa refleja visiones opuestas sobre el narcotráfico. Mientras Washington privilegia la presión militar, Petro apuesta por atacar las raíces sociales del problema y criticar el consumo en Estados Unidos. En este choque de narrativas se perfila el futuro de la relación bilateral.

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