La historia nos dice que cuando una potencia emergente amenaza el dominio de una establecida, el conflicto es casi inevitable. Tucídides lo vio en la Guerra del Peloponeso cuando Esparta no pudo tolerar el ascenso de Atenas. Estados Unidos hizo lo propio con la Alemania imperial en la Primera Guerra Mundial.
Hoy, China y Estados Unidos protagonizan la versión moderna de esta rivalidad, con una lucha que abarca economía, tecnología, inteligencia artificial y control geopolítico.
De Londres a Nueva York: el precedente histórico
El ascenso de Estados Unidos como potencia global fue una consecuencia indirecta de la Primera Guerra Mundial. Gran Bretaña, que buscaba frenar el crecimiento de Alemania, terminó debilitada y dependiente del dólar.
¿Está Estados Unidos enfrentando hoy su propio 1918, con China en el papel de una potencia que reclama el liderazgo global?
China responde al bloqueo tecnológico de EE.UU.
Una de las batallas más recientes se dio en el campo de la inteligencia artificial y los microchips.
El gobierno de Joe Biden, y ahora de Donald Trump, prohibió la exportación de chips avanzados a China. La respuesta china fue fulminante: desarrollar su propia tecnología y lanzar una alternativa más eficiente y barata.
El resultado inmediato fue la caída del valor de Nvidia, la gigante estadounidense de microchips, con una pérdida estimada en 590 mil millones de dólares.
El golpe es mayor al anunciado por Trump días antes, cuando prometió una inversión de 500 mil millones de dólares en inteligencia artificial para consolidar la hegemonía de EE.UU.
¿Puede EE.UU. frenar el avance chino?
A diferencia de Estados Unidos, que apuesta por sanciones y restricciones, China sigue la estrategia de desarrollo industrial de Federico List, construyendo una economía basada en la autosuficiencia y la innovación.
Las claves del éxito chino:
- Inversión masiva en tecnología sin depender de socios externos.
- Política industrial activa, sin sancionar el libre comercio.
- Expansión económica global, con acuerdos estratégicos en Asia, África y América Latina.
Mientras tanto, Estados Unidos reacciona más que planifica, apostando por una política proteccionista que podría aislar su economía en el largo plazo.
¿Hegemonía en transición o conflicto inminente?
El dilema es claro: ¿presenciaremos un pacífico cambio de hegemonía o un enfrentamiento directo?
- La historia sugiere que las potencias en declive no ceden su liderazgo sin luchar.
- Sin embargo, la interdependencia económica entre EE.UU. y China hace que una guerra abierta sea catastrófica para ambos.
- El mundo observa si la trampa de Tucídides se repetirá o si la hegemonía global puede cambiar sin una confrontación militar.
Conclusión: un mundo en redefinición
Estamos en un punto de inflexión histórica. Si EE.UU. y China no logran gestionar su rivalidad, podríamos entrar en un periodo de gran inestabilidad global.
Pero si se logra una transición pacífica, el siglo XXI será testigo de un nuevo orden económico y político, con China como la potencia dominante y Estados Unidos redefiniendo su papel en el mundo.
La pregunta sigue en el aire: ¿será la historia un ciclo inevitable o podrá escribirse un desenlace diferente?
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