Li Mei jamás imaginó que firmar un contrato como maestra de escuela incluiría una cláusula que restringiría su libertad personal. “Viajar al extranjero sin permiso de la escuela puede causar despido”, decía una línea en letra pequeña. Desde entonces, su pasaporte ya no está en su poder. Lo entregó a la dirección del colegio y, como miles de empleados públicos en China, vive bajo una realidad silenciosa: el Estado vigila hasta sus vacaciones.
En 2025, el régimen de Xi Jinping decidió extender los controles antes reservados para altos funcionarios a casi todos los trabajadores estatales, incluyendo docentes, médicos, técnicos y jubilados. No importa si manejan información clasificada. Basta con recibir un sueldo del gobierno.
¿Por qué China retiene pasaportes a empleados públicos?
El Partido Comunista justifica esta medida bajo la bandera de la “seguridad nacional y la disciplina ideológica”. Según medios oficiales como el People’s Daily, los contactos con el extranjero deben estar supervisados por el Estado. En la práctica, significa que:
- Los empleados deben entregar su pasaporte.
- Cualquier viaje al exterior requiere múltiples niveles de aprobación.
- Incluso jubilados deben esperar años para recuperarlo.
- Las solicitudes suelen ser rechazadas sin explicación.
Zhu, una enfermera de la provincia de Zhejiang, cuenta que necesitó cuatro autorizaciones para visitar Vietnam. “No trabajo con secretos. Solo soy enfermera”, se queja. Pero en China, esa diferencia ya no importa.
El miedo como mecanismo de control
Más allá de los viajes, los trabajadores también deben:
- Reportar si cambian de domicilio.
- Revelar sus cuentas de redes sociales.
- Evitar reuniones grupales en público.
Se trata de una estrategia de disuasión y control ideológico, aseguran analistas. “Todo lo relacionado con el extranjero se percibe como riesgoso”, afirma el profesor Liu de la City University of Hong Kong. Por miedo a represalias, muchos funcionarios aplican restricciones aún más duras de las ordenadas oficialmente.
Contradicciones entre la imagen global y la realidad interna
Mientras el gobierno de China intenta mostrar al mundo una cara amigable, abierta a los turistas y a la inversión extranjera, puertas adentro la situación es opuesta. El caso más extremo: incluso ciudadanos extranjeros han sido retenidos sin aviso. En 2025, una ejecutiva de Wells Fargo y un funcionario estadounidense no pudieron salir del país, bajo acusaciones vagas.
El Departamento de Estado de EE.UU. advierte sobre esto en sus alertas de viaje. Recomienda a sus ciudadanos tener cuidado, ya que podrían enfrentarse a retención de documentos, detenciones sin cargos claros y limitaciones al acceso consular.
Una jaula dorada
Aunque muchos empleados están frustrados, pocos abandonan sus cargos. El motivo: estabilidad. El salario estatal sigue siendo atractivo para muchos, como en el caso de Zhu, que gana el equivalente a 27.000 dólares al año, muy por encima del promedio local. “A veces siento que vendo mi libertad por seguridad”, confiesa.Este es el dilema silencioso que vive buena parte de los trabajadores estatales en China: una rutina de vigilancia constante a cambio de una estabilidad incierta.
