Carney pidió a Trump evitar llamar a Canadá el «estado 51» y acordaron seguir negociando aranceles en la cumbre del G7 en Alberta
En una jornada cargada de expectativas, el primer ministro canadiense Mark Carney y el presidente estadounidense Donald Trump sostuvieron una reunión en Washington que, aunque no produjo decisiones concretas, dejó abierta la puerta a futuras negociaciones sobre uno de los temas más delicados de la agenda bilateral: los aranceles comerciales.
En declaraciones posteriores, Carney se mostró cauto pero optimista: “No se tomaron decisiones hoy, pero fue una discusión amplia y constructiva”. Las palabras del mandatario canadiense contrastaron con el tono más errático de Trump en días anteriores, quien incluso llegó a referirse a Canadá como «el estado 51 de Estados Unidos», una provocación que no pasó desapercibida.
Aranceles: un punto de fricción que sigue sin resolverse
Aunque la reunión no arrojó resultados inmediatos, los aranceles entre ambos países siguen siendo un punto de tensión. El sector automotriz, agrícola y el energético se han visto particularmente afectados por las restricciones comerciales impulsadas por Trump desde su regreso a la presidencia.
Carney dejó claro que su gobierno defiende una relación comercial justa y equilibrada, recordando que Canadá sigue siendo uno de los principales socios económicos de Estados Unidos.
“Le pedí que dejara de llamar a Canadá el estado 51”
Uno de los momentos más incómodos del encuentro ocurrió fuera de la agenda económica. Carney confirmó a periodistas que, en privado, le pidió a Trump dejar de referirse a Canadá como el “estado 51”.
“Le dije que no es útil repetir esa idea. Puede parecer una broma, pero daña la percepción pública y el respeto entre nuestros países”, declaró el primer ministro con tono firme. La declaración deja ver que, aunque el encuentro fue cordial, las tensiones subyacentes siguen vigentes.
Kananaskis, el próximo escenario del diálogo
Ambos líderes acordaron reunirse de nuevo en unas semanas, durante la cumbre del G7 en Kananaskis, Alberta. El evento, que será clave para la política global en 2025, servirá como un nuevo intento para destrabar las negociaciones arancelarias y abordar temas como el cambio climático, la seguridad internacional y las cadenas de suministro.
En el contexto de un mundo pospandémico y con tensiones geopolíticas crecientes, la relación entre Canadá y Estados Unidos adquiere un papel central en la estabilidad económica del hemisferio norte.
Una relación bilateral que necesita renovarse
Carney representa una visión multilateral, prudente y enfocada en la diplomacia técnica. Trump, en cambio, sigue apostando por el nacionalismo económico y una comunicación provocadora, lo que obliga a Canadá a navegar con precaución en una relación históricamente cercana pero ahora más frágil.
El desafío para ambos líderes será encontrar una narrativa común que permita avanzar sin ceder en principios fundamentales. Carney, con su estilo mesurado, apuesta por el tiempo y el diálogo. Trump, por la presión y la improvisación.
Sin acuerdos, pero con agenda abierta
La reunión en Washington fue apenas el primer episodio de una historia que promete capítulos intensos. Aunque no hubo avances concretos, sí hubo una voluntad de mantener el canal de diálogo abierto, lo que ya es un logro en tiempos de alta polarización.
La mirada ahora está puesta en Alberta, donde el próximo encuentro podrá definir el rumbo de una relación bilateral estratégica para Norteamérica y el mundo.
