En un clima de tensiones políticas y económicas, el Gobierno de Brasil ha tomado una postura activa tras la entrada en vigor del arancel del 50% impuesto por Estados Unidos. El anuncio de nuevas conversaciones entre ambos países marca un posible giro en la relación bilateral, profundamente afectada por la medida del expresidente Donald Trump.
Un llamado urgente al diálogo
Fernando Haddad, ministro de Hacienda de Brasil, confirmó que este miércoles sostendrá una conversación clave con el secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent. “Es un primer paso para un entendimiento”, afirmó. La reunión, aunque aún virtual, podría abrir la puerta a negociaciones presenciales.
La medida norteamericana afecta al 36% de las importaciones brasileñas, impactando sectores como el café, la carne bovina y productos agrícolas. Trump excluyó cerca del 45% de las importaciones, pero con un arancel mínimo del 10%, mientras que el resto, incluyendo acero y vehículos, enfrenta aranceles sectoriales más agresivos.
¿Por qué ahora? Un contexto político tenso
La imposición del arancel coincide con un momento crítico para la política interna brasileña. Jair Bolsonaro, expresidente y aliado de Trump, fue puesto en arresto domiciliario por el magistrado Alexandre de Moraes, acusado por EE.UU. de violar derechos humanos. Trump citó el juicio como una de las razones para sancionar económicamente a Brasil, aumentando la percepción de que la medida tiene tintes políticos.
Eduardo Bolsonaro, hijo del exmandatario, declaró que “espera más sanciones” por parte de Trump, lo que solo ha encendido más la polémica entre ambos gobiernos.
Lula responde con medidas para los más vulnerables
Mientras tanto, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva prepara un paquete de apoyo para los pequeños y medianos exportadores afectados por el arancel. “Muchos de estos empresarios dependen totalmente del mercado estadounidense”, explicó Haddad.
Este plan incluirá incentivos fiscales, líneas de crédito y subsidios para garantizar que las empresas no se vean forzadas a cerrar o despedir empleados.
El caso de Clara, una exportadora de café
Clara Mendes, una joven emprendedora del estado de Minas Gerais, exportaba café premium a California desde 2018. “EE.UU. era mi principal cliente. Ahora, con el nuevo arancel, mis costos se disparan y pierdo competitividad”, cuenta.
Clara representa a miles de pequeñas empresas que sienten el golpe directo del arancel. “Espero que el gobierno logre negociar, o tendré que despedir a la mitad de mis empleados”, confiesa con preocupación.
Brasil y Estados Unidos se encuentran nuevamente en un terreno delicado. Mientras las tensiones políticas alimentan las decisiones económicas, el diálogo diplomático parece ser la única salida viable para evitar una escalada comercial que afecte a miles de empresas y trabajadores.
El miércoles podría marcar un punto de inflexión si ambos gobiernos deciden priorizar la estabilidad económica sobre los intereses ideológicos.
