
Un polémico acuerdo entre la Universidad Internacional de Florida (FIU) e ICE permitirá a la policía del campus actuar como agentes de inmigración, desatando el temor y la indignación entre estudiantes y profesores en una institución mayoritariamente hispana.
Miami, FL – La Universidad Internacional de Florida (FIU), una de las instituciones con mayor población estudiantil hispana del país, se encuentra en el centro de una tormenta de controversia y miedo tras confirmar un acuerdo voluntario con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) que deputiza a su propia fuerza policial para realizar funciones de agentes de inmigración federales.
El acuerdo, conocido como 287(g), es parte de una iniciativa más amplia impulsada por la administración en varias universidades públicas de Florida, incluyendo la Universidad de Florida (UF) y la Universidad del Sur de Florida (USF). Sin embargo, su implementación en FIU, donde el 63% del alumnado es hispano y casi el 9% son estudiantes internacionales, ha generado una reacción particularmente visceral.
El núcleo de la ansiedad radica en la falta de transparencia. En un tenso foro comunitario, el Jefe de la Policía de FIU, Alexander Casas, confirmó que los oficiales que reciban entrenamiento de ICE no llevarán ninguna marca o uniforme distintivo. «No, no lo haremos. No habrá forma de saberlo», admitió Casas, dejando a la comunidad sin poder identificar qué oficiales tienen autoridad migratoria. Además, el número de oficiales que serán entrenados permanece vago, con el jefe mencionando que podrían ser «1 oficial o 6».
Un Santuario Académico Roto
Estudiantes y profesores han expresado su temor de que el acuerdo convierta el campus en un campo de minas para la comunidad inmigrante, creando una «tubería de detención y deportación». La preocupación principal es el potencial de perfilamiento racial, un problema que, según críticos, aumentó en Florida después de que se implementaran acuerdos similares en 2012.
«No es justo que los estudiantes tengan que vivir en un ambiente de hostilidad, miedo al perfilamiento racial, que puedan ser detenidos en cualquier momento.» – Alex Rubio, graduado de FIU.
El Jefe Casas ha defendido la decisión, argumentando que prefiere que sus oficiales, quienes conocen a la comunidad, estén «en el asiento del conductor» en lugar de agentes externos de ICE. En un intento por calmar los ánimos, dijo a los estudiantes: «No se preocupen; si están aquí legalmente, ocúpense de sus asuntos; si están aquí legalmente, no tienen nada de qué preocuparse». Sin embargo, esta declaración ha sido percibida por muchos como una amenaza velada que ignora la compleja realidad de las familias de estatus mixto.
El acuerdo rompe con la percepción histórica de las universidades como santuarios seguros para el aprendizaje y el debate. Al integrar la aplicación de la ley de inmigración en la seguridad diaria del campus, FIU ha introducido un elemento de miedo y desconfianza que, según los críticos, es fundamentalmente contrario a su misión académica. La situación en FIU sirve como un microcosmos del debate nacional sobre inmigración, condensando una política abstracta en una realidad tangible y aterradora para miles de estudiantes y sus familias en el corazón de Miami.