
El Centro Histórico de la Ciudad de México enfrenta un creciente malestar vecinal ante el descontrol en bares, antros y cantinas que operan fuera del horario permitido. Los residentes denuncian que, de jueves a sábado, el corazón de la capital se transforma en un punto caótico donde el ruido, la basura y los conflictos violentos son cada vez más frecuentes.
Ruido, basura y filas interminables: la vida nocturna fuera de control
Los vecinos afirman que las filas de asistentes a los centros nocturnos se extienden por las calles, obstruyendo el libre tránsito y generando aglomeraciones hasta altas horas de la madrugada. La música retumba hasta el amanecer, y los puestos ambulantes de comida y bebidas se multiplican sin control.
“Cada fin de semana esto se llena muchísimo, siempre hay fila”, comenta Teresa N, residente de la zona. “Hay violencia, hay inseguridad, estamos enterados de que corren drogas, lo que genera un clima muy tenso”, añadió.
En un recorrido reciente, los vecinos contabilizaron al menos una decena de centros nocturnos en calles como República de Cuba, Allende y Donceles, sin contar locales dedicados a la venta de alcohol. Algunos incluso organizan “afters” que se prolongan hasta las cinco de la mañana.
Calles convertidas en baños públicos y zonas de riesgo
Además del ruido y las aglomeraciones, los residentes enfrentan escenas de insalubridad cada mañana. “Al amanecer, esto parece guerra”, lamenta Marcos N, vecino del área. “Hay mucha gente intoxicada, personas súper tomadas que amanecen tiradas aquí. Llegamos a encontrar hasta seis o siete en distintos puntos; andan vomitando o arrastrándose, y no es posible”.
El callejón del 57 y la calle República de Cuba se han convertido, según los testimonios, en zonas donde las banquetas amanecen cubiertas de basura, vómito y orines, mientras los puestos ambulantes dejan residuos y conexiones irregulares a la red eléctrica.
La señora Inés N denunció que muchos vendedores “se cuelgan de la luz pública, no tienen extinguidores y obstruyen el paso”. Esta situación, además de la contaminación visual y sonora, genera riesgos de incendio y accidentes.
Desalojos y sospechas de intereses comerciales
Los vecinos también expresaron su preocupación por los desalojos recientes ocurridos en la zona, especialmente el del número 11 de República de Cuba, donde hoy permanece un plantón de familias afectadas. Entre las lonas y tiendas de campaña, la convivencia se ha vuelto compleja: los residentes aseguran que hay situaciones de riesgo, suciedad y desorden.
Algunos habitantes temen que los desalojos formen parte de un plan para transformar el área en un corredor exclusivo de vida nocturna, desplazando a los vecinos históricos. “Tememos que quieran convertir esta zona en un distrito de bares, y nosotros seremos los primeros en irnos”, señalaron.
En una reciente conferencia de prensa, familias desalojadas denunciaron hostigamiento por parte de personas vinculadas a establecimientos del entorno. También acusaron al gobierno capitalino de impunidad y corrupción, ya que, aseguran, algunos negocios clausurados reabren poco después, sin sanciones visibles.
Vecinos piden regulación y presencia policial efectiva
A casi una década de denuncias sin respuesta, los residentes del Centro Histórico piden una revisión integral de licencias, horarios y medidas de seguridad en bares y antros de la zona. Reclaman mayor presencia policial, inspecciones reales y sanciones efectivas para quienes incumplan la normativa.
El objetivo, afirman, no es acabar con la vida nocturna, sino recuperar el orden y la convivencia en uno de los espacios patrimoniales más importantes del país.
“Queremos poder dormir tranquilos, caminar seguros y que las autoridades realmente pongan límites a este caos”, expresó una vecina durante la manifestación más reciente.
Por ahora, la comunidad espera que el gobierno capitalino y la Autoridad del Centro Histórico atiendan sus peticiones antes de que la situación se deteriore aún más.