Universidades públicas en crisis: salarios, presupuesto y democracia sindical en 2025

Universidades públicas en crisis: salarios, presupuesto y democracia sindical en 2025

Las universidades públicas autónomas de México enfrentan un año complicado en 2025. Con un presupuesto que no ha aumentado en términos reales, demandas por mejores salarios y una democracia sindical aún en proceso de consolidación, los conflictos en la educación superior parecen estar lejos de resolverse.

El incremento salarial otorgado a la UNAM en noviembre pasado, como cada año, ha marcado el tope salarial para todas las universidades, fijando un aumento del 4% directo al salario y hasta un 2% en prestaciones sociales. Sin embargo, la incertidumbre persiste, ya que no hay garantía de que todas las universidades puedan alcanzar ese nivel de ajuste.

Revisión salarial en las universidades: ¿suficiente para 2025?

Las negociaciones entre los sindicatos universitarios y el gobierno federal han mantenido un esquema restrictivo para los aumentos salariales. A pesar de la inflación y las demandas de los trabajadores, el gobierno ha establecido un tope salarial de facto basado en lo otorgado a la UNAM.

Hasta el 1 de febrero de 2025, las universidades que han iniciado su proceso de revisión salarial o contractual han logrado:

  • 4% de incremento salarial, similar al de la UNAM.
  • Hasta 2% en prestaciones sociales, insuficiente ante la inflación.
  • Presión creciente de sindicatos universitarios, que exigen mejoras reales en sus condiciones laborales.

Para los trabajadores administrativos y académicos, estos aumentos resultan insuficientes, pues la inflación ha reducido el poder adquisitivo en los últimos años.

Democracia sindical en las universidades: una reforma pendiente

Además del tema presupuestario, otro conflicto latente en las universidades es la falta de democracia sindical.

Desde la reforma a la Ley Federal del Trabajo (LFT) en 2019, se estableció que los trabajadores podían exigir:

  • Voto personal, libre y secreto en elecciones sindicales.
  • Transparencia y rendición de cuentas por parte de los sindicatos.
  • Legitimación del Contrato Colectivo de Trabajo (CCT).
  • Igualdad de género en las estructuras sindicales.

Sin embargo, aunque la reforma debía aplicarse en 2022, la pandemia y la falta de supervisión han permitido que muchos sindicatos no hayan adecuado sus estatutos, sin que esto haya tenido consecuencias legales.

Inconsistencias en la ley y falta de garantías para los trabajadores

Uno de los principales problemas es que la LFT no es clara en aspectos fundamentales para los trabajadores de las universidades:

  • Los estallamientos de huelga no cuentan con lineamientos claros sobre la votación personal y secreta.
  • La revisión salarial no exige votación secreta, a pesar de que los tabuladores salariales son parte integral del CCT.
  • Las demandas por violaciones a los contratos colectivos requieren el respaldo de la mayoría de afiliados, pero no garantizan votaciones individuales y libres.

Este vacío legal ha sido aprovechado por las cúpulas sindicales para mantener sus decisiones en manos de delegados con votación a mano alzada, lo que ha limitado la verdadera participación de los trabajadores.

Las promesas de la 4T y la realidad cinco años después

Cuando se promovió la reforma laboral de la 4T, se prometió que daría mayor poder de decisión a los trabajadores y eliminaría prácticas sindicales corruptas.

A cinco años de su implementación, la realidad es que:

  • Los sindicatos siguen operando con poca transparencia.
  • Las decisiones siguen tomándose en reuniones de cúpula.
  • La mayoría de los trabajadores universitarios no tienen voz en decisiones clave.

¿Qué se necesita para mejorar la situación en las universidades?

Las universidades públicas enfrentan dos grandes retos en 2025:

  • Garantizar un presupuesto adecuado y oportuno para que las instituciones puedan operar sin precariedad.
  • Fortalecer la democracia sindical, asegurando que las decisiones sean tomadas por los trabajadores y no por líderes sindicales con intereses políticos.

Para ello, el nuevo gobierno debe:

  • Asegurar incrementos salariales justos y acordes con la inflación.
  • Supervisar la aplicación de la reforma laboral en los sindicatos universitarios.
  • Evitar la manipulación política en la asignación presupuestaria a universidades.

El panorama para las universidades públicas en 2025 no es alentador, pero si el gobierno y los sindicatos realmente buscan mejorar las condiciones laborales y académicas, es momento de actuar con mayor transparencia y compromiso con los trabajadores y estudiantes.

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